La caricatura que protagonizó ‘Matador’ en el Senado: lo sacaron con policías

El Congreso de la República volvió a ser escenario de un espectáculo bochornoso, esta vez impulsado por la soberbia y el irrespeto a las reglas de la democracia. El caricaturista Julio César González, más conocido como Matador, no contento con el eco de sus trazos en redes sociales, decidió irrumplir en el atril del Senado para montar un show político que pisoteó los protocolos del recinto democrático más importante del país.
El atril del Senado no es un espacio para la figuración personal ni un escenario de comedia. Está reservado para la discusión legislativa y el debate institucional por parte de los congresistas electos. Pretender usarlo sin cumplir los trámites ni contar con la investidura adecuada no es un acto de irreverencia ni de libertad de expresión; es una muestra de desprecio absoluto por la ley y la solemnidad de las instituciones.
Desde el Centro Democrático se exigió con total justeza que el caricaturista respetara las normas de la corporación.
Lo más cuestionable no fue solo la audacia de ocupación indebida de Matador, sino el manto de protección que le tendieron sectores políticos afines.
Resulta paradójico e indignante que figuras del Pacto Histórico, como la senadora Isabel Zuleta, salieran de forma vehemente a defenderlo e incluso a enfrentarse con la Policía para evitar su salida del recinto.
Se trata del mismo personaje salpicado por señalamientos de violencia de género y cuestionado por constantes ataques de corte misógino contra figuras como la primera dama Ana Lucía Pineda. ¿Dónde queda el discurso de protección a la mujer cuando se trata de blindar a un aliado mediático?
El país no necesita más provocadores que confundan el debate público con la payasada. Matador debió haber tenido la dignidad de acatar las órdenes de la Mesa Directiva y retirarse sin necesidad de generar enfrentamientos con la fuerza pública.
La libertad de opinión se defiende con argumentos y desde los espacios correspondientes, no imponiéndose por la fuerza en un estrado que no le pertenece.
Por: Irunú Paz
