miércoles, mayo 29, 2024
Judicial

Enfermera que asesinó a su amiga al aplicarle letal inyección, le dieron casa por cárcel

Luego de estar varios años en prisión en centro carcelario, un juez penal le dio el beneficio de casa por cárcel a Marcela García, una auxiliar de enfermería quien confesó haber asesinado a su mejor amiga, en Aguachica, Cesar, en el año 2016. Por estos hechos la confesa homicida está condenada a 17 años de cárcel.

Sin embargo, haber quedado embarazada tras la rejas la hizo merecedora de ser enviada a prisión domiciliaria en el corregimiento de

Los Ángeles de Río de Oro, Cesar.

El hecho ocurrió el 15 de abril de 2016 en Aguachica, Cesar, en la vivienda de Yoleinis Lobo, donde residía junto a su madre. Marcela quien es enfermera le dijo para quedarse por una noche, que lo cual la víctima accedió. La madre decidió irse a quedar donde una amiga para darle espacio a la de su hija.

Salió de la casa a las 7:00 p. m. y fue la última vez que la vio con vida, porque al otro día, cuando llegó a las 8:00 a. m., su hija estaba acostada, como dormida aún con pijama, pero con los labios morados y completamente fría.

Diez horas antes había muerto, al parecer, por un paro cardiorrespiratorio, según los primeros informes de Medicina Legal.

Yoleiny Lobo no sufría de ninguna enfermedad, la muerte no tenía explicación.

Marcela, su amiga, llamó a la hermana de la fallecida preguntando por ella, como si no supiera qué estaba pasando. Varios testigos la vieron llegar la noche anterior y salir cerca de la medianoche con un bolso y una especie de pañoleta en la cabeza. Lo que despertó la suspicacia de Nelly Lobo, hermana de Yoleiny. “Inicialmente, pensé que había sido una muerte natural, pero después de hablar con Marcela sospeché que algo más había pasado”, dijo la hermana de la víctima, a la revista Semana.

Al realizar el análisis del cuerpo, Medicina Legal encontró un pequeño, pero clave detalle dentro de la investigación: en el brazo derecho, justo donde se dobla el codo, Yoleiny tenía un chuzón de aguja, pero ella no había ido recientemente a exámenes médicos, ni tampoco estaba medicándose.

Eso incrementó la sospecha de un posible homicidio por las características del punzón.

La pista para saber si en realidad la muerte fue generada estaba en los resultados de los exámenes toxicológicos, efectivamente arrojaron que en su cuerpo había gran cantidad de fenotiazina levomepromazina. Estos medicamentos son usados normalmente para tratar trastornos mentales y emocionales graves.

Lo que llamó la atención de los investigadores es que en los testimonios recolectados de los familiares de Marcela, un hermano de ella que apenas había cumplido la mayoría de edad, tres años atrás, había amanecido muerto de la misma manera y los exámenes arrojaron que tenía la misma sustancia, según se lee en documentos de la Fiscalía General de la Nación.

Pero en su momento no se atrevieron a denunciar por el grado de consanguinidad. Sin embargo, tras los hechos, algunos familiares decidieron romper el silencio y contar que otras tres muertes se dieron de manera extraña mientras Marcela estaba con ellos. En dos de los casos cuando prestaba atención en la salud.

Fue llamada para cuidar a un tío político que requería cuidados paliativos. A las pocas noches de haber llegado Marcela, el hombre falleció de manera repentina por una aparente falla cardiorrespiratoria. Nadie realizó análisis de Medicina Legal, por lo que el señor venía con quebrantos de salud.

Lo mismo pasó en 2010, cuando la llevaron a Cartagena a cuidar a la esposa de un tío que padecía cáncer, pues estaba estable, y necesitaban un relevo mientras descansaba su familiar. La mujer se despidió feliz, cuando su esposo llegó a la terminal de transporte recibió la llamada de su sobrina en la que decía que la tía se había puesto mal de un momento a otro y había muerto. Al estar enferma tampoco realizaron valoración de Medicina Legal.

Pero las coincidencias no paran ahí, tres meses antes de la muerte de su hermano, en 2013, Marcela se ofreció para ir a cuidar a su abuela en Ocaña (Norte de Santander). No estaba enferma, pero vivía sola.

El 14 de febrero uno de sus hijos se despidió pasadas las 8:00 p. m., la dejó sonriente, realizando los quehaceres de la casa, y se pusieron cita al otro día en la mañana.

A las 11:00 p. m. recibió la llamada en la que una de sus sobrinas le decía que Marcela le había avisado que la abuela se había puesto mal de repente. Él corrió y cuando llegó la señora estaba aparentemente dormida en una de las camas de la casa. “Mi abuela murió, tío”

Cuando empezó la investigación por la muerte de Yoleiny, los familiares narraron los hechos a los investigadores. En contra de Marcela emitieron una orden de captura y un allanamiento, los dos resultaron infructuosos.

“Ella se voló y así mantuvo varios meses”, dijo Nelly. Luego, la misma Marcela se entregó ante las autoridades. Aunque inicialmente dijo ser inocente, al final terminó firmando un preacuerdo en el que acepta haber sido la homicida de su amiga Yoleiny, en Aguachica sin mayores detalles.

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