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Opinión

Un Llamado a la Felicidad

 

«La mejor sociedad, sostenía Bentham, es aquella en que los ciudadanos son más felices. Por tanto, la mejor política será la que genere una mayor felicidad.»
Richard Layard

La felicidad es el mayor anhelo de toda persona. De manera inconsciente todo individuo añora ser feliz, y muchos se lanzan a una búsqueda frenética de esta “esquiva diosa” sin preguntarse previamente qué es la felicidad. ¿Alguna vez te has preguntado qué es la felicidad?

Ahora, que te haces consciente de la interpretación de este concepto, te invito a reflexionar sobre los siguientes cuestionamientos: ¿puede una persona ser más feliz que otra?, ¿tiene la felicidad una escala?, ¿puede medirse la felicidad?, ¿cómo puede lograr realmente la felicidad una persona?

Las respuestas a todas estas preguntas son afirmativas, y Richard Layard lo explica en su libro La Felicidad. Lecciones de una nueva ciencia (Distribuidora y editora Aguilar, Bogotá, 2005), quien de manera concreta la define: “Por felicidad entiendo sentirse bien, disfrutar de la vida y desear que este sentimiento se mantenga; por infelicidad, sentirse mal y desear que las cosas sean de otra manera. […] Por tanto toda experiencia alberga dentro de sí una dimensión que se corresponde con lo bien o mal que nos sentimos.”

Hace varios años había escuchado acerca del nivel de felicidad de los países; y en el caso de Colombia, se tiene la creencia de que los costeños somos más felices. Sin embargo, hasta leer el libro de Layard (inicios del 2018), me detuve a reflexionar sobre el asunto. Lo cierto es que empecé a indagar sobre el tema porque me llamó mucho la atención que en el ámbito laboral las empresas de talla mundial promueven el mejoramiento del desempeño exhortando a los trabajadores a ser felices.

De hecho, conocer las causas de la felicidad no es un asunto simplista, se ha convertido en una estrategia organizacional orientada al incremento de la productividad; y debería convertirse en una política pública de toda nación tendiente a lograr un crecimiento económico con mayor equidad. En el primer caso, es interesante el ejemplo de Google, que diseñó una serie de programas para que sus empleados puedan ser más productivos a partir de que estén siempre relajados y a gusto, con suficiente tiempo disponible para el libre quehacer y la socialización. En el artículo web titulado El jefazo de Google que ha descubierto el algoritmo de la felicidad (José María Robles, 15 de febrero de 2018), Mo Gawdat, jefe de negocio de Google X, comparte esta aparentemente sencilla ecuación:

 Felicidad ≥ Acontecimientos – Expectativas 

Es decir, “la felicidad es la diferencia entre la percepción de los acontecimientos de nuestras vidas y las expectativas que tenemos sobre ellos.”

En el libro El método Macron (Rupert L. Swan, 2018), se hace referencia a la siguiente disertación del joven presidente francés Emmanuel Macron: “Las personas felices trabajan mejor. Esto no es ningún secreto, ya que el equilibrio personal y la satisfacción serán transmitidos al puesto de trabajo, a los compañeros en las tertulias de las pausas, a las hojas de cálculo que el jefe mande a hacer a última hora…, el equilibrio personal y la satisfacción serán transmitidos, en definitiva, a la vida.”

La felicidad como política pública es un imperativo, y es la invitación que hace el economista Richard Layard a gobernantes. Su libro se soporta en múltiples investigaciones para medir el nivel de la felicidad y apoyándose en ciencias como la filosofía, la psicología, la sociología, la economía y la neurología con el propósito de saber qué condiciones generan realmente la felicidad y cómo fomentarla. Su tesis se basa en el epígrafe, pues, inspirado en Jeremy Bentham, Layard sostiene que: “cualquier decisión, pública o privada, debe ser juzgada según su impacto sobre la felicidad de todas aquellas personas a quienes afecta, considerándolas a todas por igual.”

Dado que la felicidad es un sentimiento, y que estos fluctúan de hora en hora y de día en día, resulta importante indagar qué nos hace felices. Todas las personas experimentamos sentimientos positivos y negativos causados por factores externos e internos que determinan el nivel de felicidad, y en la medida que sepamos cómo asumir con inteligencia emocional e inteligencia espiritual los acontecimientos cotidianos lograremos ser más felices.

En síntesis, según Layard, la felicidad se puede medir de dos formas. La primera se mide preguntando a la gente cómo se siente (lo cual se ha venido realizando desde 1950 en más de 70 países, ¿cómo les parece?); y la segunda, que para Layard es la más importante, a través de la actividad eléctrica en las partes relevantes del cerebro, dado que la medición de ondas con el electroencefalograma -EEG- se pueden relacionar con los sentimientos comunicados por las propias personas. Estas investigaciones se soportan con el proyecto genoma humano del año 2000, en el cual se realizaron comparaciones de los resultados de estudio sobre la felicidad para corroborar si esta obedece esencialmente a rasgos típicamente hereditarios.

Sin embargo, allende a la predestinación genética, Layard concluye que existen siete grandes factores para ser felices, y los ordena de la siguiente manera, los cuales se resumen a continuación, con algunas aportaciones personales:

  1.  Relaciones Familiares: El amor es la energía más sublime del universo, y la psicología positiva ha demostrado que las personas que manifiestan relaciones amorosas con otros tienen un mejor equilibrio hormonal y una mejor salud y, por supuesto, son más felices. Entonces, ¿cómo fortalecer las relaciones familiares? Humildemente sugiero que a partir de aprender y aplicar las cinco leyes para la superación familiar que Carlos Cuauhtémoc Sánchez nos comparte en el libro Un grito desesperado (1992).
  2. Situación Financiera: Los ingresos desempeñan una función determinante en lo referente a la felicidad; pero, explica Layard, por el ego, que induce al individuo a compararse con los otros, a la gente le preocupa más sus ingresos relativos que la cuantía absoluta que pueda tener, buscando estar al nivel de sus familiares, amigos y vecinos, y si es posible superarles. La mayoría de la gente adolece de una mentalidad de riqueza, pero le gustaría ganar un pocos más que a quienes conoce. Cambiar la mentalidad pobreza no es tarea fácil, para lo cual se debe comprender que la riqueza es una ciencia. Léase el libro La ciencia de hacerse rico (1910) de Wallace D. Wattles, como iniciación, toda vez que la literatura sobre la riqueza es amplia; pero, la verdadera riqueza se crea con la espiritualidad.
  3. Trabajo: El trabajo no sólo proporciona ingresos, sino un mayor significado para la vida de toda persona. En mis escritos: Un trabajo no es necesariamente un empleo (Revista Contacto, N° 21, Sep-Oct de 2017) y Dignidad del trabajo (Diario El País Vallenato, enero de 2026), expreso que el servicio entregado con amor, como valor agregado para la satisfacción de necesidades humanas, nos lleva a la realización profesional y a la felicidad.
  4. Comunidad y amigos: La amistad es una de las mejores cosas de la vida, y como lo enfatiza Layard, “muchas de las amistades más estrecha se forjan al principio de nuestra vida, pero luego seguimos haciendo amigos en el trabajo y en nuestro entorno social.” Por ello, la calidad de nuestro entorno social (Capital Social, entendido en el ámbito sociológico y comunitario como el conjunto de normas, redes de confianza y cooperación que facilitan la cohesión social) es crucial para hacer amistades y para sentirnos seguros; por ello, es importante que sea positiva la percepción de confiar en los vecinos y de moverse sin temor, en todo momento, tanto en el barrio como en la localidad de residencia. Es decir, la inseguridad genera infelicidad, mientras que la seguridad brinda felicidad.
  5. Salud: La revista Contacto publicó mi artículo La salud: un tesoro imponderable (2018), en dónde invito a los lectores a ser conscientes que la perdida de la salud procede del interior del individuo y no obedece simplemente a condiciones fisiológicas. “El control del sufrimiento por la enfermedad, según los síntomas que padezca una persona, debe constituir una de nuestras principales prioridades”, dice Layard. Por ello, con mi escrito La enfermedad: un mensaje de Dios para instarnos a triunfar (Diario El País Vallenato, septiembre de 2023), invito al lector a comprender que la enfermedad es un camino para sanar y para empezar a crecer en todas las dimensiones del ser, a fin de lograr la felicidad y la plenitud.
  6. Libertad personal: Más que una elección arbitraria, la libertad personal debe ser entendida como un “poder hacer”. Al respecto, en el libro Capitalismo Solidario, Rich De Vos escribe: “El trabajo significativo y la libre empresa son parte de un gran paquete de libertades y responsabilidades: libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de sufragio y libertad de dirigir procesos políticos; libertad de orar y de adorar como se desee; libertad de vivir y amar sin temor a interferencias o persecuciones.” Layard resalta la infelicidad de la gente cuando se cuartan las libertades, cuando acota: “La conclusión más interesante es la miseria de los antiguos países comunistas, donde la opresión llegó a degradar la condición humana”, por lo que asevera: “[…] resulta muy significativa la función de la democracia.”
  7. Valores personales: Tal como lo precisa Layard, “… en último y decisivo lugar, nuestra felicidad depende de nuestro ser interior y nuestra filosofía de vida. Evidentemente, las personas son más felices si son capaces de apreciar lo que tienen, sea lo que sea; si no se comparan continuamente con los demás, y si pueden educar su propio estado de ánimo.” La mayoría de mis artículos, breves palimpsestos de la sabiduría de los siglos y, generalmente, reescritos de experiencias vívidas, propias o de terceros, invitan al crecimiento personal, a desarrollar y fortalecer el valor personal.

Richard Layard hace un discurrir interesante, profundizando por capítulos cada uno de los ítems anteriores, en los cuales esboza la importancia de definir políticas públicas en los siguientes tópicos:

  • Fortalecer la unidad familiar y garantizar la protección de la primera infancia;
  • Brindar educación sexual y moral en las escuelas;
  • Desestimular adicciones a las drogas, al tabaco, al alcohol, al trabajo excesivo, etc.;
  • Promover y fortalecer la infraestructura urbana, para construir ciudades sostenibles, resilientes y equitativas, capaces de garantizar servicios básicos de calidad;
  • Garantizar la seguridad pública y promover y fortalecer la seguridad ciudadana;
  • Crear una cultura para la vida sana;
  • Fomentar el emprendimiento y el empresarismo;
  • Formar personas con una actitud triunfadora.

Layard finaliza su libro haciendo doce conclusiones para el mundo de hoy. Enfatiza que la felicidad es una dimensión objetiva de la experiencia humana y que toda persona está programada para buscarla. Para el autor es una evidencia que la mejor sociedad es la más feliz, pero afirma que es improbable que nuestra sociedad se vuelva más feliz salvo todo el mundo logre un consenso respecto a lo que quiere; pero, como acota Yuval Noah Harari en el libro 21 lecciones para el siglo XXI, “el nacionalismo, la religión y la cultura dividen a la humanidad en campos hostiles y hacen muy difícil cooperar globalmente.”

De hecho, Layard esboza en sus conclusiones que los humanos son profundamente sociales, por lo que los individuos buscan una dependencia mutua y que se sientan ligados a un estatus quo. Además, indica que la gente es consciente de su estado de felicidad y que es adaptable a las circunstancias externas o a un propósito interior; por ello, finiquita que un buen gobierno puede hacer más por suprimir la infelicidad que por aumentar la felicidad, por lo que sugiere que los gobernantes deberían tomarse la felicidad en serio.

Para finalizar, comparto esta invitación de Layard: “Orientemos nuestra sociedad a la búsqueda de la felicidad más que al objetivo de la eficacia dinámica. La Vida es para vivirla.” Todos los escritos que he revisado sobre la felicidad consideran que más que un punto de llegada ésta es un camino, un camino que empezamos a recorrer con mayor éxito cuando despertamos ESE ALGO. Si, la felicidad es una decisión personal, es un estado de conciencia que propende por ampliar estos siete grandes factores expuestos por Layard; es una elección propia cotidiana que trasciende y que, al sentirla, se contribuye con la construcción de un mundo mejor.

Por: Ing. Carlos Rafael Melo Freyle

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