Murió Náfer Durán, una leyenda que deja huella en el vallenato

La madrugada de este martes, en Valledupar falleció el maestro Náfer Santiago Durán Díaz, a sus 94 años de edad, uno de los grandes juglares del folclor vallenato y miembro de una de las dinastías musicales más importantes del Caribe.
El maestro se encontraba internado en la Clínica Alta Complejidad en la capital del Cesar, por severas afecciones cardíacas.
Nacido el 26 de diciembre de 1932 en El Paso, Cesar, Náfer Durán creció en un entorno marcado por la música y las tradiciones campesinas. Hijo de Náfer Donato Durán Mojica y Juana Francisca Díaz Villarreal, desde muy niño tuvo contacto con el acordeón, instrumento que aprendió a interpretar cuando apenas tenía siete años y que terminaría convirtiéndose en el compañero inseparable de toda su vida.
Su nombre quedó ligado para siempre al de su hermano Alejandro Durán, ‘Alejo’, primer Rey Vallenato en la historia del Festival de la Leyenda Vallenata, en 1968. Ocho años después, Náfer siguió sus pasos y alcanzó la corona en 1976, convirtiéndose en el segundo integrante de la familia Durán en obtener el máximo título del certamen.
Pero la historia de ‘Naferito’, como cariñosamente le decían, no terminó con aquella corona. En 1983 regresó al Festival de la Leyenda Vallenata con la intención de conquistar nuevamente el título. Sin embargo, el jurado decidió declararlo fuera de concurso, mientras la corona fue entregada a Julio César Rojas Buendía.
Aquella decisión quedó registrada como un episodio excepcional en la historia del Festival. El jurado de esa edición estuvo integrado, entre otros, por el escritor Gabriel García Márquez, Enrique Santos Calderón, Rafael Rivas Posada, Miguel López y Leandro Díaz. Años después, el propio Náfer recordó que García Márquez le explicó que aquella distinción significaba que había demostrado un nivel excepcional frente a los demás participantes.
CON DIOMEDES DÍAZ
La trayectoria de Náfer Durán también está relacionada con los comienzos de una de las voces más importantes de la música vallenata: Diomedes Díaz.
En 1976, el mismo año en que obtuvo la corona de Rey Vallenato, Náfer participó junto al joven cantante Diomedes Díaz en la grabación de ‘Herencia vallenata’, producción que marcó el inicio discográfico del artista nacido en La Junta. En ese trabajo quedaron registradas canciones de Náfer como ‘Teresita’, ‘La invitación’ y ‘Pobre negro’.
El propio Náfer recordó en distintas entrevistas aquel encuentro y manifestó el orgullo que sentía por haber contribuido a abrirle camino al joven Diomedes, con quien mantuvo una relación de admiración y afecto a lo largo de los años.
COMPOSITOR Y JUGLAR
Además de su destreza con el acordeón, Náfer Durán dejó una importante obra como compositor. La Fundación Festival de la Leyenda Vallenata registra más de 80 canciones en su repertorio, muchas de ellas grabadas por diferentes intérpretes. Entre sus composiciones sobresalen ‘Déjala vení’, una puya que se mantiene dentro del repertorio de los festivales vallenatos, y ‘El estanquillo’, pieza que también ha sido relacionada con la tradición de la piqueria.
Su estilo estuvo marcado por el vallenato tradicional, los cuatro aires y una manera particular de interpretar el acordeón. También fue reconocido por su dominio del tono menor, una característica que hacía parte de su identidad musical y que contribuyó a distinguirlo entre los grandes acordeoneros de su generación.
Durante sus últimos años, Náfer permaneció ligado a la música. A sus más de 90 años, todavía hablaba de su acordeón como un compañero inseparable y aseguraba que dejar de tocarlo sería, de alguna manera, dejar de vivir.
Con su partida desaparece uno de los últimos grandes exponentes de una generación que ayudó a construir las bases del vallenato tradicional. Queda, sin embargo, su legado en los festivales, en sus composiciones, en las grabaciones que realizó y en la memoria de quienes escucharon sus acordeones.
Náfer ‘Naferito’ Durán fue Rey Vallenato, compositor, juglar y heredero de una dinastía que marcó la historia del folclor. Su acordeón ahora guarda silencio, pero las notas que dejó seguirán haciendo parte de la memoria del vallenato.
