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Tecnología

Exponen el «escenario apocalíptico de la IA del que nadie habla»

En diciembre del año pasado, 50 expertos en finanzas y tecnología se reunieron en la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Washington para simular cómo la inteligencia artificial (IA) podría afectar a la economía global.

La conclusión más inquietante, según recoge Bloomberg en artículo titulado «El escenario apocalíptico de la IA del que nadie habla», fue que el mayor peligro no reside en computadoras con conciencia propia, sino en la erosión del impuesto sobre la renta.

El razonamiento se explicó así: desde la Primera Revolución Industrial, cuando los campesinos fueron despojados de sus tierras, los gobiernos han dependido de gravar a las personas y sus salarios. De hecho, según las estimaciones de Rand Corporation, el 66 % de los ingresos federales de EE.UU. en 2024 provino de impuestos derivados del trabajo.

Mientras tanto, a medida que la IA elimine empleos de cuello blanco, incluso un aumento modesto del desempleo tendría un impacto desproporcionado: los ingresos caerían justo cuando aumentaría el gasto en prestaciones y recalificación laboral. Por su parte, la merma en los ingresos y el aumento de los costes podrían producir décadas de inestabilidad, suficientes para derribar gobiernos.

El análisis señala que la ironía de la revolución de la IA es que sus defensores citan la Revolución Industrial sin mencionar las décadas de los disturbios políticos que desencadenaron. No obstante, el análisis sugiere que esta vez podría ser aun peor: en economías avanzadas, los salarios de cuello blanco generan un monto desproporcionado de ingresos fiscales, por lo que incluso despidos modestos perforarían los presupuestos públicos. Así, el exministro sueco, Anders Borg, sentenció: «Será una gran transformación política en Europa, EE.UU., China, la India y otros lugares».

A pesar de que la IA tiene enorme potencial para aumentar la productividad y mejorar el nivel de vida, existe el problema del abismo de varios años —una brecha fiscal— entre el presente y la nueva normalidad. «No es una situación en la que vayas a recapacitar a la gente en tres años», advirtió el economista Lee Lockwood. «Esto es un problema enorme», declaró.

«Difusión descontrolada»

Se precisa que el simulacro del FMI exploró dos hipótesis teóricas en las que la IA alcanzaba competencias equivalentes a las de un experto humano en un plazo de cinco años, aunque con distintos ritmos de penetración.

El primero contemplaba una implantación desigual por regulaciones y protección del empleo. El segundo, bautizado como «difusión descontrolada», planteaba un mundo con la IA dominada por unos pocos gigantes tecnológicos realizando tareas con mínima participación humana. En esta segunda eventualidad, la erosión fiscal sería peor en los países que consumen la IA en lugar de producirla.

Ante estos escenarios, los economistas e investigadores han formulado numerosas iniciativas. La mayoría se articularon en torno a cuatro ejes: elevar los tributos sobre la riqueza o los artículos de lujo, incrementar los impuestos al consumo, subir el gravamen sobre las sociedades, o instaurar una tasa sobre los ‘tokens’ de IA o el consumo de potencia de cálculo. El artículo señala que todas estas medidas persiguen un propósito: reemplazar los ingresos perdidos con aportaciones de los que más se benefician de la expansión de la IA.

Asimismo, Bloomberg arroja luz sobre un documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica de Anton Korinek y Lockwood (NBER) que propuso crear un impuesto general al consumo como respuesta inicial. Sin embargo, la mayoría de las subidas de impuestos enfrentan el mismo desafío: a la gente no le gusta pagar más. De hecho, Lockwood calcula que reemplazar el impuesto sobre la renta en EE.UU. requeriría un impuesto al consumo del 33 %, una cifra que haría atragantarse a cualquier político. Además, como subrayan numerosos economistas, es mucho más fácil gravar a las personas físicas que a las empresas multinacionales con ejércitos de asesores fiscales.

«Desplazar la imposición del trabajo al capital a través de un aumento de los impuestos sobre la renta empresarial puede compensar solo parcialmente estas pérdidas, dada la movilidad del capital, la concentración del mercado y la competencia fiscal internacional», enfatizó el FMI en su informe de abril.
Las empresas no están preparando a sus trabajadores para el tsunami de la IA

Entre otras propuestas, algunos políticos estadounidenses han sugerido la nacionalización parcial de los gigantes tecnológicos para compartir las ganancias, aunque esta opción sería inviable para la mayoría de los países.

Conclusiones desalentadoras

Tras dos jornadas de ponencias, análisis y deliberaciones, los seis grupos del FMI compartieron sus conclusiones. El veredicto fue que los instrumentos actuales para monitorear y gestionar la economía mundial resultan, muy probablemente, insuficientes para los desafíos que se aproximan.

Se impone, por tanto, la creación de nuevos sistemas que permitan seguir el impacto sobre el empleo en tiempo casi real. El ‘shock’, si llega, podría hacerlo de maneras que hoy nadie acierta a prever, lo que exigirá una respuesta rápida y coordinada de gobiernos, bancos centrales y organismos reguladores. Por ello, las naciones deben empezar a trabajar juntas desde ahora. Paradójicamente, esa cooperación requerirá probablemente el empleo de IA de vanguardia.

«La IA debe entenderse como una transición macroeconómica sin precedentes más que como un ‘shock’ tecnológico convencional», sostuvieron desde el FMI y agregaron que la acción coordinada de los gobiernos y un amplio consenso social serían fundamentales para evitar un colapso. «La IA ofrece grandes ganancias potenciales, pero la transición pondrá a prueba los marcos fiscales y monetarios, la estabilidad financiera y la cohesión social», concluyeron. Con RT

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