viernes, septiembre 29, 2023
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Logros y desafíos de un difícil año del Gobierno Petro

Infortunadamente, al hacer un balance del primer año del presidente Gustavo Petro no se puede desconocer la difícil coyuntura que vive el Gobierno, producto de diferentes escándalos que lo salpican. Esta situación no solo afecta la imagen del país, sino que repercute directa o indirectamente en los resultados económicos, políticos y sociales de su gestión, en un difícil año al frente del país.

Es importante anotar que no le ha favorecido al Gobierno de Gustavo Petro el comportamiento de la economía. Colombia ha experimentado una fuerte desaceleración, después de venir de niveles tan altos de crecimiento como los registrados en 2022. De hecho, el pobre crecimiento del 1,68% en los primeros cinco meses de este año contrasta con el 10,63% del mismo periodo del año pasado. Sin embargo, está ocurriendo algo sorprendente y positivo. De un lado, las estimaciones de crecimiento del PIB, que arrancaron con un 0,2% por parte del Banco de la República, ya se ubican en el 1,8%.

Esto, porque se ha disipado el fantasma de la recesión en Estados Unidos y porque la logística internacional ha mejorado. Y del otro lado, la inflación tiende a bajar, luego de cerrar el año pasado en 13,12%, en junio de este año ha caído al 12,13% y es probable que alcancemos una variación de un 9% a 10% en diciembre.

Destacamos también la disminución del precio del dólar. Seguramente, la no aprobación de las reformas en la pasada legislatura y el hecho de que el presidente no tiene fácil el camino en el Congreso de la República influyeron para dar tranquilidad a los mercados.

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En lo laboral también hay buenas noticias. La tasa de desempleo bajó de 11,3% en junio de 2022 a 9,3% en el mismo mes de este año. Es importante anotar la gran apuesta que el empresariado colombiano le sigue haciendo al desarrollo y expansión de los negocios, así como a la generación de empleo. El problema podría venir para el segundo semestre porque sectores altamente intensivos en mano de obra como la construcción, el comercio, el transporte, la hotelería y los servicios de comida se enfrentan a un desánimo, frente a un consumidor con unos presupuestos familiares menguados.

En el panorama legislativo el futuro es muy complejo. Continúan en trámite las reformas a la salud y pensional e inicia proceso de la laboral, que ya se cayó una vez. Adicionalmente, hay dos nuevas: la reforma a la educación superior y a los servicios públicos. Confiamos en que con la elección de los nuevos presidentes de Cámara de Representantes y Senado, vamos a asegurar un debate suficiente y objetivo de dichas reformas y, si bien es cierto que no generarán un ambiente negativo respecto de las mismas, también lo es que no permitirán el “pupitrazo” como sus antecesores.

Desafíos

Desde la perspectiva del empresariado, el gran obstáculo de este Gobierno hasta el momento es su negativa al diálogo y la concertación con el sector privado y la estigmatización hacia el empresario utilizando un lenguaje impropio, como por ejemplo calificarlos de “esclavistas”.

Los empresarios y los gremios siempre hemos mantenido la disposición a concertar y prueba de esto es que en diciembre pasado llegamos a un acuerdo tripartito para reajustar generosamente el salario mínimo. En 2021, ante el estallido social y la renuncia del ministro Alberto Carrasquilla, cerramos filas para apoyar una reforma tributaria que subió impuestos y recaudó 15 billones de pesos adicionales al año siguiente, en medio de la pandemia.

Otro gran reto para el Gobierno es la seguridad, tanto ciudadana, como en las carreteras y regiones del país. Estamos viendo un deterioro en la calidad de vida de los colombianos por el aumento de robos, extorsiones, secuestros, asesinatos, violencia urbana, marchas y bloqueos diarios en las vías del país.

A todo esto hay que sumarle los serios problemas que ha tenido el presidente Petro para articular una verdadera estrategia de comunicación con todas las entidades del sector público. Definitivamente, hay una oportunidad de mejora en la redacción de los mensajes, el rigor de la verificación de los datos y, sobre todo, los canales de información que no descartan las redes sociales, pero que ameritan un carácter más institucional. Con Infobae

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