lunes, mayo 20, 2024
Opinión

Río Guatapurí, clamor y silencio

Por: William Herrera

No sé exactamente si el silencio del Río Cesar es por su mansedumbre o por su resignación, en todo caso, sigue a la espera que la abulia de cualquier orden institucional lo escuchen. Así lo escribí alguna vez, siempre deseando como miembro de la comunidad acciones que le devuelvan vida. Al silencio de nuestro Río Cesar se une su tributario el Río Guatapurí, donde confluyen en espacio y desde ahí ponen en común su destino y el mismo silencio. Igualmente hemos anhelado y en especial de buen recibo todos los actos y voces que con sensatez ecológica claman su defensa.

El Río Guatapurí que recibe el ocho por ciento (8%) de la nieve del páramo, al depender del deshielo natural de los glaciares de la sierra es expresión de vida y en su componente ambiental es objeto de protección y hace parte del bien jurídico de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente consagrado en los artículos 328 y subsiguientes del Código Penal.

En su salvaguarda es loable la participación de Comités, Consejos, Mesas, etc., presentándose expectativa de más acciones. Tales acciones aparecen descoloridas en vistosos y costosos Planes de Desarrollo.
Su cauce ha sido descuidado y en época de estiaje o nivel más bajo suscita reflexiones que a manera de apremio exigen acciones que no necesariamente se articulan con las rutas y vericuetos técnicos de Planes de Acción para tales objetivos, tal proceder y niveles de cumplimiento. Preocupa que el caudal en su mínima y penosa expresión quisiera decir algo, se siente que el Río clama en silencio. Hoy es clamor, esperamos que en el día de mañana no sea llanto, si el Río llegare a llorar no es por quienes lo han glorificado, sino por aquellos que lo han agraviado.

También es preocupante que se presenten acciones delictivas carentes de una cultura de respeto a la naturaleza, acciones que agreden el área de la cuenca del Río Guatapurí. Área de especial importancia ecológica habida cuenta de las corrientes subterráneas, subcuencas y microcuencas que la integran.

A veces y en muchas ocasiones miramos desde la ciudad talas y quemas no permitidas previo el desmonte de vegetación que compromete bosques naturales, se degrada la fauna, se arruinan hábitats y se destruyen microorganismos con potencial genético. Todo en perjuicio de la conservación del suelo, acciones que a manera de daños ambientales lesionan la cuenca hidrográfica del Río Guatapurí. Autores y partícipes que en franca delincuencia ecológica han actuado y siguen actuando en histórica impunidad.

Hay que ir más allá de hallazgos, haciendo imperioso investigar en campo los deterioros ambientales y sus responsables. Reportar alertas tempranas que adviertan la incidencia de esos daños en el ecosistema. Realizar actividades de monitoreos y recorridos de prevención desde su nacimiento y durante su recorrido.

Es importante resaltar en marco de la Constitución la función social y ecológica de la propiedad, la posesión y ocupación sobre predios que circundan su caudal, generar espacios pedagógicos sobre la relación Río – Medio Ambiente, donde se adquiera mayor conciencia sobre el impacto de actividades ilegales y daños antrópicos como la deforestación. Conductas delictivas que vulneran el bien jurídico y encuentran adecuación en normas penales.

El clamor del Río Guatapurí es en silencio. Ese silencio es diferente a la espiritualidad que lo ve nacer. Su silencio es diferente al tejido de reverencia ancestral indígena que lo abraza al despedirlo, el Río cuando nace lleva como recado un mensaje de vida al ambiente y al paisaje del que hará parte. Inicia su trayecto bordeado y entrelazado con piedras y árboles, cual inocencia que más adelante recibirá contumelias río abajo. Donde los humanos poco dialogan con el Río y donde el canto de ranas y pajaritos armonizan con su silencio.

Una de las formas de dialogar con el Río es hacer llamados de atención cuando disminuye su caudal en temporada seca (enero – marzo). Alarmas que apuntan en varios aspectos como el deshielo, que para expertos va reflejando una tragedia “entre 1.986 y 2002 la pérdida de hielo fue de 3.7 %” (Ideam – Universidad Nacional). Otro diálogo sería cómo compensar los efectos de cambios climáticos. Llevar presente que los procesos erosivos amenazan su futuro por cuanto los suelos quedan desprotegidos de bosques nativos. Dialogar con el Río y ofrecerle una mayor cobertura vegetal como parte del manejo y conservación del suelo. Estudiar y trabajar sobre la relación del ecosistema y precipitaciones y/o régimen de lluvias que se relacionan con el déficit de aguas y afectación del caudal. Diálogo, alarmas y acciones todas que, permitan desde las autoridades con competencia ambiental la protección, sostenibilidad y sensibilidad del recurso hídrico.

Es un tema de reflexión el equilibrio, control y la tensión comprendida en la dinámica socioeconómica del Río y las situaciones de orden crítico que afectan su caudal en la cual se tiene como contexto el riego a cultivos, mantenimiento de fincas, recreación y turismo, concesiones, densidad poblacional y de otra parte, la protección, conservación y cuidados que debe tener la cuenca.
Personalmente, siempre recordaré las palabras que una mañana cualquiera me dijo el maestro Doctor Aníbal Martínez Zuleta: “Este Río es vida, es una farmacia ambulante”.

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