¿Por qué los malos hábitos se pegan más rápido que los buenos?

Aunque las personas suelen saber qué hábitos benefician a la salud, llevar estos a la práctica resulta mucho más difícil. La psicóloga Milana Oréjova, citada por KP, explica que la razón no suele estar en el carácter de una persona, sino en los mecanismos del cerebro que intervienen en la formación de nuestras rutinas.
Por qué siempre empezamos «el lunes»
La tendencia a fijar una fecha para empezar «de cero» es bastante común. En economía conductual, este fenómeno se denomina «efecto de nuevo comienzo»: ciertos momentos, como un cumpleaños, el inicio del mes o un lunes, ayudan a percibir el pasado y el futuro como etapas distintas. El problema es que esa sensación inicial suele durar poco y las viejas rutinas terminan imponiéndose.
Las malas costumbres tienen otra ventaja: recompensan casi de inmediato. Comer algo dulce puede mejorar el ánimo, pedir comida ahorra tiempo y esfuerzo, y usar el teléfono proporciona una recompensa inmediata. Con los hábitos saludables ocurre lo contrario: sus beneficios aparecen de forma gradual, por lo que una sola caminata, un entrenamiento o una noche sin celular apenas producen cambios visibles.
El error de querer cambiarlo todo
Cada hábito nuevo requiere atención y energía. Si una persona intenta modificar al mismo tiempo la alimentación, el sueño, el ejercicio y su rutina diaria, el cerebro puede percibirlo como un estrés constante. Por eso, Oréjova recomienda elegir primero un solo hábito e incorporarlo gradualmente a la vida cotidiana.
Otro error frecuente es esperar cambios visibles demasiado pronto. Una nueva rutina se consolida poco a poco: primero requiere esfuerzo consciente, después empieza a hacerse más automática y solo con el tiempo aparecen resultados perceptibles. Saltarse un día no suele echar por tierra todo el proceso; el verdadero riesgo está en tomar ese tropiezo como una derrota y dejar de intentarlo.
Los cambios cotidianos que fortalecen la salud de su corazón
La especialista aconseja empezar con una acción mínima y concreta: cinco minutos de ejercicio pueden ser más útiles que planear una hora que siempre se pospone. También ayuda vincular el nuevo comportamiento con uno ya existente, por ejemplo, caminar diez minutos después de comer o leer antes de dormir.
No conviene depender de la inspiración: puede ser útil registrar cada repetición y centrarse en la constancia. Si un día se rompe la rutina, no hace falta esperar a una nueva semana o a otro mes: lo importante es retomarla cuanto antes. Con RT
