Dolor por tu partida, orgullo eterno por tu vuelo: Mi homenaje a Fabio Torres el joven que diseñó su propio destino
IN MEMORIAM
Hoy Valledupar despide a un grande, y mi corazón se llena de una profunda tristeza, pero también de un orgullo que no me cabe en el pecho. Acabo de repasar las páginas de su libro “Cumplir mi sueño, mi plan favorito”, y no puedo contener las lágrimas al leer cómo Fabio recordó el momento en que toqué a su puerta. En sus propias palabras, cuando él se encontraba en un período de incertidumbre y sin rumbo, mi propuesta no fue solo una oferta laboral; fue «un mensaje de Dios» que le abrió las puertas a un mundo nuevo.

Tuve el honor inmenso de ser su mentor en sus inicios, dándole su oportunidad en nuestra Revista Rumbera del Vallenato como diseñador y diagramador. Allí, en lo que él mismo bautizó con tanto amor como «La familia Rumbera», compartimos jornadas inolvidables. Me llena de profunda ternura leer cómo recuerda a mi hijo Harold Elías y a la señora Teresa como sus pilares emocionales, y cómo agradece a compañeros como Juan Rincón y Fredy Martes (q.e.p.d.). En nuestras páginas, Fabio no solo desarrolló su talento, sino que descubrió la base de su futuro: el marketing musical.
Quienes lo conocimos de cerca sabíamos que el motor de su genialidad era su fe inquebrantable. Fabio era un hombre de profunda espiritualidad; no en vano en su empresa, Zona Creativa, la Virgen María presidía un altar que nos recordaba a todos de dónde venían sus bendiciones. Hoy, su partida nos deja una lección evangelizadora: la vida es un soplo, pero cuando caminamos de la mano del Creador, cada día cuenta. Como nos dice la palabra de Dios en 2 Timoteo 4,7-8: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia”. Fabio corrió su carrera a gran velocidad y la ganó, recordándonos que nuestro verdadero propósito es brillar para Dios y servir al prójimo.
Verlo crecer, convertirse en «El Rector», fundar su agencia y llenar el auditorio Crispín Villazón fue un viaje maravilloso. Jamás olvidaré el día de la presentación de su libro, cuando me invitó como su asistente especial y, ante todos, tuvo la nobleza infinita de reconocer públicamente el impulso que le di en sus comienzos. Como él mismo escribió en su mensaje final: “Las personas que encuentras en tu camino son regalos. Valóralas”. Tú fuiste un regalo para nuestras vidas, Fabio. Te fuiste muy pronto, pero dejaste tu obra terminada, tu fe compartida y tu gratitud eterna grabada en piedra. Descansa en paz en los brazos de la Virgen y del Señor, querido alumno, amigo y eterno orgullo de la familia Rumbera.
Por Ramón Elías Duarte Quintero
