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“Cambié el colegio por las casetas”: la historia de ‘El Chino’ Zuleta y el Binomio

En una casa cargada de recuerdos en el municipio de La Paz, cada disco de acetato cuenta una historia. No son simples objetos de colección, son fragmentos de vida para Bernardo Zuleta Carrillo, más conocido como ‘El Chino’ Zuleta, un hombre que convirtió su admiración por el Binomio de Oro en una forma de vivir.

Su vínculo con la agrupación no fue inmediato. En su infancia, el vallenato que sonaba en casa tenía otros referentes: Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate y Miguel López. Era el gusto de su padre. Pero todo cambió cuando apareció el Binomio. No fueron los nombres lo que lo atraparon al principio, sino el sonido, una propuesta distinta que despertó su curiosidad y luego su devoción.

De fanático a cercano del grupo

Zuleta no se limitó a escuchar. Empezó a seguirlos con disciplina: asistía a presentaciones en pueblos como Villanueva, Codazzi y San Juan, grababa cada show y analizaba los detalles musicales. Su atención estaba especialmente puesta en los arreglos de Israel Romero, cuya estructura sonora lo marcó profundamente.

Ese interés lo llevó más allá del fanatismo común. Compraba discos, los promovía en emisoras y los compartía incluso fuera del país. Con el tiempo, esa insistencia lo acercó a los artistas. Primero a Romero, luego a Rafael Orozco. La relación se construyó sin atajos: con presencia constante, apoyo genuino y gestos sencillos, como llevar productos del Cesar cuando viajaba a visitarlos.

Saludos y el reconocimiento

Poco a poco, su nombre empezó a sonar en los saludos de las canciones, un detalle que en el vallenato tiene un valor simbólico importante. No era algo pagado, sino ganado. ‘El Chino’ se convirtió en un seguidor reconocido, un “binomista” que ya no estaba en la periferia, sino dentro del círculo cercano.

Recuerda a Orozco como un hombre distinto al mito: cercano, alegre, disciplinado y profundamente respetuoso. Una figura que, según él, no merecía el destino trágico que tuvo, pero cuya esencia permanece viva en cada canción.

El precio de la pasión

Pero no todo fue ganancia. ‘El Chino’ tomó una decisión que marcaría su vida: dejó los estudios por seguir al grupo. Cambió los salones de clase por las casetas, los cuadernos por grabadoras. Mientras otros aprendían teoría, él lo hacía en vivo, escuchando, observando, entendiendo la música desde su raíz.

Esa experiencia le dio un conocimiento que hoy defiende con firmeza. Recuerda ensayos inéditos, canciones que nunca salieron al mercado y momentos clave en la construcción del sonido del Binomio. Incluso fue puente en encuentros importantes dentro del vallenato, como el acercamiento de nuevos talentos al grupo.

Para Zuleta, el verdadero valor no está en los escenarios ni en los grandes logros, aunque recuerda con orgullo presentaciones internacionales como en el Madison Square Garden, sino en lo vivido detrás: la disciplina, el respeto por el público y la coherencia artística de Orozco.

Hoy, su historia es la de un fanático que cruzó la línea y se convirtió en testigo privilegiado de una época. No desde la tarima, sino desde la cercanía. No desde la fama, sino desde la lealtad.

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