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Actualidad

Más de 260 periodistas sacuden las redacciones de Colombia con testimonios de acoso sexual

Bogotá (EFE).- Frases como «así es él» o «mejor evítalo», repetidas en redacciones de Colombia, acompañan más de 260 testimonios de periodistas, practicantes y trabajadoras de medios de comunicación que evidencian un patrón sistemático de acoso sexual y laboral, según un informe del movimiento ‘Yo te creo colega’.

El documento, elaborado por las periodistas Juanita Gómez, Paula Bolívar, Laura Palomino, Catalina Botero y Mónica Rodríguez, y divulgado este domingo, recoge relatos que abarcan más de dos décadas y que, lejos de ser hechos aislados, configuran una «cultura repetida» de abuso de poder, silencio e impunidad dentro del periodismo colombiano.

Según el informe, un 80 % de los casos provienen de medios televisivos, mientras que el resto se distribuye entre prensa escrita, radio y plataformas digitales.

Los testimonios describen dinámicas similares: acercamientos iniciales mediante halagos profesionales, promesas de crecimiento y, posteriormente, presiones, insinuaciones o conductas no consentidas.

«Me dijo que podía ayudarme a conseguir un trabajo en el canal, que veía potencial en mí, pero que debía ‘portarme bien’», relata, de manera anónima, una de las periodistas.

Trece casos documentados

El informe presenta trece casos documentados, algunos con testimonios identificados, que ilustran estos patrones y hacen parte de un proceso que, según sus autoras, «continúa recibiendo testimonios» de periodistas en distintas regiones del país.

Entre los relatos, la periodista Juanita Gómez describe un episodio ocurrido en 2015 durante un cubrimiento en Chile, cuando un colega intentó besarla sin su consentimiento en un ascensor, una experiencia que durante años se normalizó como parte del oficio: «Tuve que quitármelo de encima, a la fuerza».

Por su parte, la periodista deportiva Lina Tobón asegura que sufrió un beso forzado cuando tenía 17 años y comenzaba en un canal local, y años después, ya en un medio nacional, fue víctima de tocamientos no consentidos por parte de un colega de mayor jerarquía a quien «ya varias han denunciado y no pasa nada».

«Hasta que me tocó un seno (…) me quedé paralizada», relata, al señalar que tras rechazarlo comenzó un proceso de acoso laboral que terminó con su renuncia.
Abuso desde el poder

El informe advierte que los presuntos agresores ocupaban posiciones de poder -directores, presentadores o jefes- con capacidad de incidir en la trayectoria profesional de las víctimas, lo que convertía el rechazo en un riesgo laboral.

«Sentí que mi carrera dependía de lo que aceptara o no», señala uno de los testimonios anónimos recogidos en el documento.

El texto también subraya la falta de canales efectivos de denuncia y la revictimización institucional: «Lo hablamos y no pasó nada», coinciden varias voces, que explican el silencio como una estrategia ante el miedo a represalias laborales o daño reputacional.

El impacto, añade el informe, no es solo profesional sino emocional: ansiedad, estrés e incluso el abandono del periodismo.

Desde el pasado marzo, Colombia vive una ola de denuncias públicas de presunto acoso sexual en medios de comunicación que ha puesto bajo escrutinio las condiciones laborales en el sector e impulsado respuestas institucionales.

El Ministerio de Trabajo inició inspecciones a varias empresas, entre ellas el sistema público RTVC, tras señalamientos contra su gerente, Hollman Morris, con el objetivo de verificar posibles vulneraciones de derechos laborales y casos de violencia en el entorno de trabajo.

En el caso más viralizado, el canal Caracol Televisión anunció la salida «por mutuo acuerdo» del presentador Jorge Alfredo Vargas y el despido del periodista deportivo Ricardo Orrego, luego de denuncias públicas contra ambos.

En este escenario, el informe advierte que, pese a avances normativos persisten fallas estructurales en la prevención y sanción del acoso, en un problema que, según sus autoras, no tiene cáracter coyuntural sino acumulado durante años.

«El silencio no es consentimiento, es una estrategia de supervivencia», concluye el documento. Con EFE

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