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Editorial

Hoy todos callan, mientras petro grita que acabarà las exportaciones de Carbón en la región

En el Cesar, donde la economía del carbón todavía mueve la economía y la esperanza de miles de familias, el silencio se ha convertido en el ruido más fuerte. Mientras el presidente Gustavo Petro reafirma su intención de cerrar el ciclo del carbón en Colombia, con declaraciones que apuntan directamente a la multinacional Drummond, la mayor exportadora del país, en la región parece que nadie quiere hablar.

No es un secreto que Drummond representa más del 42% del PIB departamental y que su operación sostiene, de forma directa e indirecta, a más de 100.000 personas. Tampoco es un secreto que las regalías e impuestos que genera superan los 5 billones de pesos, y que su presencia ha ayudado a reducir indicadores de pobreza en una zona históricamente marginada por el Estado. Sin embargo, frente al embate presidencial, los pronunciamientos de dirigentes, gremios y autoridades locales brillan por su ausencia.

¿Dónde están los congresistas que representan al Cesar? ¿Dónde están los alcaldes, las cámaras de comercio, sindicatos, asociaciones productivas..? El mutismo de quienes deberían liderar un debate técnico y con cifras es alarmante. Porque esta no es una discusión exclusiva de ambientalistas o empresarios; es una discusión sobre el futuro económico y social de una región que no tiene lista una alternativa real para reemplazar su principal fuente de ingresos.

No se trata de desconocer la urgencia de la transición energética. Se trata de exigir que esta sea ordenada, justa y planificada. Cerrar la empresa del carbón sin un plan sólido es condenar a la región a un salto al vacío. Y mientras en Bogotá se toman decisiones con un fuerte tinte ideológico, en las zonas productoras lo que se juega es el pan diario de miles de familias que aún depende de esta actividad.

El presidente Petro ha dicho que no permitirá que empresas como Drummond exporten carbón a Israel y que no se sentará a renegociar con ellas. La empresa, por su parte, insiste en que todas sus exportaciones cumplen la ley y que el mercado internacional sigue siendo sólido, luego de presentar la documentación requerida, ante un comité conformado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, la Agencia Nacional de Minería y la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), según lo establece el artículo 3 del Decreto 1047 de 2024 del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

Entre tanto, los únicos que parecen no tener prisa en pronunciarse son los mismos que deberían encabezar la defensa de un sector que aún mantiene firme en el departamento.
El riesgo no es solo económico. El riesgo es cultural, social y político; permitir que la narrativa nacional sobre el carbón se escriba sin la voz de quienes viven de él. Si esa voz se pierde, no habrá quien cuente lo que significa, en la vida real, cerrar una mina.

En el Cesar, callar ahora podría ser mucho más costoso que cualquier tonelada de carbón.

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