miércoles, abril 24, 2024
Internacional

Ucrania ahora pide cazabombarderos para derrotar a los rusos en seis meses

“Rusia realmente quiere algún tipo de gran revancha”, interpretó el presidente ucraniano Volodimir Zelensky. “Creo que ya empezó”. Se refería a la ofensiva extraordinaria de invierno que están ensayando las tropas rusas en el frente del Donbás. Después de cinco meses de retrocesos, el Kremlin necesita algún tipo de anabólico en su cuerpo bélico para seguir en la pelea. Y para eso, concentró en los últimos días su ofensiva sobre la pequeña ciudad de Bakhmut, más allá de que carezca de una importancia estratégica de peso. Es allí donde tiene concentrada su fuerza el nuevo comandante de la invasión, el general Valery Vasilyevich Gerasimov. Y donde están los convictos mercenarios del Grupo Wagner, que organiza Yevgeny Prigozhin, amigo íntimo de Vladimir Putin.

Si las fuerzas rusas logran romper el cerco ucraniano sobre esta zona industrial, apenas les dará un mayor margen de maniobra a sus líneas de suministro. Pero para el gobierno de Kiev sería un durísimo golpe a su impronta de “reconquistador” en los territorios ocupados en un momento en que había logrado una victoria sobre sus aliados de la OTAN al conseguir que le entregaran cruciales tanques rápidos del tipo Leopard y Abrams. Es por eso que Zelensky está presionando esta semana en Washington y las capitales europeas para dar un largo paso adelante: obtener cazabombarderos estadounidenses F-16 o sus equivalentes europeos con el objetivo de “terminar la guerra en seis meses”.

Apenas se está disipando la polvareda del enfrentamiento por el envío de los tanques y carros de combate. Alemania presionó hasta último minuto a Estados Unidos para que entrara en el trato y cediera sus M1 Abrams para que Berlín pudiera entregar sus más rápidos Leopard 2 sin que Moscú lo viera como una agresión particular. La decisión de los alemanes abrió la puerta a que otros aliados hicieran lo propio y en los próximos días estarán llegando a la estepa ucraniana entre 120 y 140 tanques, una cantidad suficiente como para detener la ofensiva rusa.

Pero el gobierno ucraniano está dispuesto a terminar con las ínfulas expansionistas de Putin y reconquistar los territorios de la península de Crimea y los enclaves secesionistas del Donbás invadidos ya en 2014. Para lograrlo, necesita cazabombarderos que terminen con las líneas de defensa rusas al este del río Dnipro. Kiev lleva pidiendo aviones de combate desde el momento mismo de la invasión del 24 de febrero. Tras el cambio de opinión sobre los tanques la semana pasada, el ministro de Defensa ucraniano, Oleksii Reznikov, dijo ayer que “supondría un real cambio de juego… Le podríamos poner un fin a todo esto”.

Todavía no está claro qué aviones y cuántos quiere Kiev. El vicecanciller, Andriy Melnyk, pidió recientemente “una poderosa coalición de aviones de combate, compuesta por F-16 y F-35 de fabricación estadounidense, el Eurofighter europeo, el Panavia Tornado italiano, los Dassault Rafale franceses y los suecos Saab Gripen.

“Ucrania perdió su pequeño poder aéreo apenas comenzó la invasión. Lo que le queda son aviones viejos de la época soviética. Y para ganar esta guerra es imprescindible contar con cazabombarderos”, explicó a la Deutsche Welle, Bruno Lete, investigador del centro de estudios German Marshall Fund. Cuando le preguntaron al presidente Joe Biden en la Casa Blanca si estaría dispuesto a enviar los F-16 respondió con un directo y determinante “no”. Pero como explicó el ministro Oleksii Reznikov mientras negociaba en París: “Todo tipo de ayuda pasó al principio por el ‘no’. Esto significa ‘no’ hoy, a partir de ahora no se sabe”.

Reznikov sabe que en el fondo hay otra pelea que los puede beneficiar. Los aliados europeos de la OTAN quieren reemplazar sus F-16 por los más modernos F-35. Y les podría convenir llegar a un acuerdo con Washington para entregar rápidamente los cazabombarderos que tienen en sus arsenales con la promesa de que en unos meses les llegarán los de última generación. Hasta ahora apenas entregaron los antiguos MIG que les quedaban como remanente de la era soviética y algún que otro ejemplar de aviones ya superados.

De todos modos, nadie quiere aparecer presionando a Washington. El Pentágono tiene el control sobre la reexportación de los jets, y ninguna nación está dispuesta a disgustar de alguna manera a Estados Unidos en estas circunstancias. Uno de los países más favorables a ayudar a Ucrania a obtener F-16, Polonia, aclaró que sólo actuaría de común acuerdo con los aliados de la OTAN. Gran Bretaña y Alemania también descartaron en los últimos días el envío de cazas. Francia aparece como la más abierta en este sentido. El presidente Emmanuel Macron dijo el lunes que su suministro no era tabú siempre que no pudiera considerarse una escalada y no se utilizaran para atacar “suelo ruso”. Y el sitio Politico informó esta semana de que algunos militares estadounidenses apoyaban el traslado y estaban tratando de convencer a funcionarios del Departamento de Defensa. Y citan el hecho de que Estados Unidos también dijo anteriormente que no enviaría carros de combate y tanques de última generación, y luego cambió de opinión.

El canciller alemán, Olaf Scholz, quien se opuso por meses al envío de los tanques Leopard hasta que tuvo que ceder a la presión internacional, ahora asegura que Berlín no enviará aviones de combate y señala el oportunismo de sus vecinos. El domingo, Scholz dijo que lo que se necesitaba en estos momentos era un debate serio, no “una competición de ofertas… en la que quizás los motivos políticos internos jueguen un papel más importante que el apoyo a Ucrania”.

El argumento de los aliados para evitar la entrega de armamento más potente, como el de los cazabombarderos de última generación, es que estos permitirían atacar a Rusia dentro de su propio territorio y eso podría generar una escalada en la guerra. Pero por debajo aparecen las competencias nacionales sobre el desarrollo de armamento y las transferencias que podría hacer Estados Unidos de su arsenal más desarrollado. El analista Bruno Lete cree que hay muchas posibilidades de que los países occidentales envíen aviones, incluso Alemania. “No sería la primera vez que se cruzan líneas rojas”, dijo, señalando el ejemplo de los tanques Leopard 2 y antes de eso los lanzacohetes HIMARS.

De todos modos, hay un problema de logística. El propio gobierno ucraniano dijo la semana pasada que sus pilotos tardarían unos seis meses en entrenarse para el combate en cazas occidentales como los F-16. También dijo que tenía apenas 50 pilotos de combate listos para comenzar con los entrenamientos. Sería bastante más fácil el entrenamiento para los F-22 Raptor o el F-35 Lightning II, pero sobre todo para lo que los expertos militares consideran el avión que podría hacer la diferencia en Ucrania: el Saab Gripen de fabricación sueca. “No es solo que el Gripen se haya demostrado netamente superior a sus contrapartidas occidentales una y otra vez durante las maniobras Red Flag, los ejercicios de combate aéreos que se celebran varias veces al año en la Base de la Fuerza Aérea de Nellis, Nevada, y en la Base de la Fuerza Aérea de Eielson, Alaska. O que la compañía de defensa sueca lleve décadas exclusivamente centrada en el desarrollo de aeronaves diseñadas específicamente para superar a sus rivales rusos. Sobre el papel, el Gripen supera con creces a los mejores MiG y Sukhoi rusos de la actualidad, incluyendo al caza furtivo Su-57 Felón”, explicó en uno de sus informes el think tank británico RUSI (Royal United Services Institute for Defence and Security Studies).

Como siempre, la decisión es política y debe ser consensuada dentro de la OTAN. “Desde el comienzo de la guerra, hemos visto realmente dos bandos en Europa”, explica el analista militar Bruno Lete. “Hay un bando de países que realmente quieren que Ucrania gane la guerra, y ganar la guerra significa derrotar a Rusia. Y luego hay otro bando de países que quieren la paz y estarían bastante contentos con algún tipo de acuerdo. Ahora mismo, el bando que quiere ganar la guerra, que realmente quiere hacer retroceder a Rusia, es el que está adquiriendo más influencia”.

Es probable que sepamos el resultado final de esta puja política y de poder antes de marzo, cuando la OTAN tenga que decidir si entrega los aviones para la ofensiva de la primavera y terminar con la guerra para fines del verano europeo. Con Infobae

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