lunes, febrero 26, 2024
Opinión

Pre-Morten en Solitario

Por: Luís Orozco Córdoba

Confesando de antemano mi total ignorancia en temas de gestión de proyectos y sin pretender que lo que aquí escribo no sea nada distinto de la opinión de un ciudadano raso -no del común, porque ese calificativo se reserva ahora a los viejos y nuevos marquetalios- me he atrevido a tomar en préstamo para titular estas lineas el nombre de un método de análisis o estrategia de gestión creado por el sicólogo norteamericano Gary Klein: pre-morten, herramienta conceptual que se puede aplicar a todo tipo de proyectos y que consiste en situarse de manera imaginaria en el futuro y pensar que el proyecto objeto del análisis ha sufrido un rotundo fracaso. Aunque la disección pre-mortem requiere el trabajo de un equipo de expertos evaluadores del proyecto, me he atrevido a diagnosticar en solitario la actual encrucijada socio-política del país. Van, pues, mis responsos anticipados.

Hoy, herida de muerte, la bicentenaria aunque imperfecta democracia colombiana se acerca a un estrepitoso derrumbe, colapso que irremediablemente le abrirá las puertas al populismo totalitario que devasta y empobrece a gran parte de la América Latina. Este fracaso colosal que se advierte próximo sería el resultado final de una serie articulada de arteros golpes a su estructura institucional que con artificios engañosos y con usurpaciones prevaricadoras e inmorales la han llevado a un estado tal de ineficacia y precariedad que su desplome parece inminente.

El primero de esos grandes y certeros golpes a la estructura institucional del Estado se produjo cuando la recien creada Corte Constitucional decidió arrogarse funciones no solo legislativas sino constituyentes y se dio la tarea de “interpretar” la nueva Constitución para construir de manera paulatina pero constante un estado social de derecho acorde con los sesgos ideológicos de sus integrantes; esta usurpación fue el inició de un perverso activismo judicial y de la entronización de un ilegítimo gobierno de los jueces, preludio totalitario de un sistema en el cual el juez no solamente interpreta la ley, sino que la hace y la ejecuta. Como añadido a este estado de cosas inconstitucional provocado por esa misma Corte se devela -caso único en el mundo- el llamado Cartel de la Toga, empresa criminal para el tráfico de decisiones judiciales creada por encumbrados dignatarios de uno de los tantos altos tribunales del país con tentáculos irradiados a todo el sistema judicial de la Nación, como se va descubriendo de a poco.

Otro golpe demoledor a la institucionalidad democrática fue la imposición fraudulenta de un acuerdo de paz con las Farc con desconcimiento de la voluntad mayoritaria de la Nación que lo rechazó, acuerdo que se llevó de calle el orden constitucional establecido y que el alto tribunal guardián de la integridad de la Carta, mediante fullerías y maromas jurídicas, bendijo echando mano de un mecanismo excepcional y ad hoc extraño a nuestra tradición jurídica. El malhadado acuerdo legitimó jurídica pero no moralmente a la dirigencia narcoguerrillera y le concedió prebendas y canonjías políticas que utilizan para seguir por otras vías, o combinándolas todas, su plan estratégico de reemplazar el sistema democrático por un totalitarismo de nuevo cuño pero de viejas y conocidas prácticas antilibertarias.

El golpe de gracia que consumaría el abatimiento final de lo que queda de la maltrecha democracia colombiana lo constituiría el triunfo de la acción terrorista prolongada que adelantan brigadas combinadas de guerrillas urbanas, desadaptados sociales, vándalos de alquiler y una minoría de jóvenes que de buena fe quieren manifestarse y hacerse oir pero que son arrasados por la turbamulta violenta. Esta acción terrorista prolongada, amparada bajo un malentendido y malprotegido derecho a la protesta, auspiciada por la izquierda radical y liderada por un comité cabeza de turco que a nadie representa pero que distrae la atención del gobierno con peticiones irracionales, tiene hoy al país al borde del colapso, las ciudades desabastecidas, las carreteras bloqueadas, la fuerza pública en fuga, la justicia arrodillada cuando no cooptada, un Congreso al cual le han desnudado la infinita ineptitud e incompetencia de sus mayorías para defender las instituciones democráticas que constituyen su razón de ser, desnudamiento que hace honor a la minoría cabal y patriótica. Si este sombrío pre mortem no nos llama a rodear el Presidente y a las amenazadas instituciones democráticas, nos veremos abocados a ser testigos cómplices de la sustitución de nuestro Estado democrático por otro de modelo totalitario surgido de las ruinas de la República. La radicalización no es, pues, Uribe versus Petro, es Democracia contra Totalitarismo.

 

 

 

 

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