El escrutinio debería hacerse voto a voto
Y sí, sí se presentan algunos fraudes electorales.
De no ser así, cómo se explica que varias veces algunos candidatos o partidos políticos hayan podido recuperar su curul (es) pero después de varios años de litigio; de cómo en las elecciones de 2022 estuvieron embolatados por un tiempo, más de 450 mil votos que pudieron ser reclamados y recuperados prontamente gracias a un ejército de testigos electorales y a un intrincado y novedoso control por parte del respectivo Partido; cómo explicar que en una comunidad indígena todos votaran por un mismo candidato, y sin que — siquiera— se diera un solo voto nulo; o cómo olvidar los audios que muchos escuchamos hace un tiempo, donde abiertamente se hablaba de sumar tantos votos a tal candidato y por un valor monetario determinado, con posterioridad inmediata a la jornada eleccionaria.

Sería ingenuo pensar que no pudiera existir un funcionario corrupto que transmita datos electorales amañadamente, prevalido de que, por las disposiciones electorales vigentes y añosas, el número de mesas en que se recuentan los votos (uno por uno) es supremamente mínimo. O, también, por la simple no infalibilidad del ser humano.
En fin, nada se pierde y en cambio se consolidaría y fortalecería nuestra democracia al generar una mayor confianza en nuestro sistema electoral, si el escrutinio propiamente dicho, se efectuara contabilizando voto a voto. Y, no solo ante un puñado de testigos o delegados formalmente admitidos; el objetivo es que cada sufragio que se deposite en la mesa electoral pueda ser verificada e inequívocamente confirmada no solo su existencia, sino que efectivamente fue aplicado correctamente a su verdadero destinatario; y, pueda ser observado por todo aquel que quiera hacerlo. Estamos hablando de la transmisión en tiempo real de este acto en cada uno de los puntos habilitados para este efecto, y por supuesto, disponible por el tiempo que se determine.
Muchos, hace mucho tiempo venimos insistiendo en la necesidad y conveniencia de aplicar esta línea de recuento de votos; ahora con mayor razón teniendo la tecnología actual, con la que se puede transmitir fácilmente desde cualquier parte (y a muy bajo costo); de modo que bastaría disponer de varias decenas de puntos de emisión en cada centro de escrutinio, para que, en unos pocos días, se pueda realizar la totalidad de esta operación electoral. Obviamente, sin reclamaciones ni impugnaciones, pues para este ejercicio se contaría con un término que sería materia de reglamentación; y no como absurdamente ocurre hoy que debe hacerse en la mesa de votación en ese momento (como si un Partido, movimiento o candidato pudiera tener un testigo en cada una de los millares de mesas que normalmente son instaladas en cada evento electoral) o ante la comisión escrutadora, según sea el caso.
La pregunta final sería: ¿puede Presidencia decretar que se escrute las próximas elecciones de la forma planteada?
Obviamente, no, por cuanto se requiere —por disposición Constitucional— de una ley estatutaria para activar este procedimiento en el contexto eleccionario nuestro. Sin embargo, por aplicación del principio de publicidad, por transparencia y, eventualmente, por razones de orden público, quizás sea posible que, seguidamente a los trámites regulados actualmente, pudiera ordenarse el reconteo de votos de la manera señalada; por supuesto, con el concurso pleno de las autoridades competentes y, con una muy rigurosa cadena de custodia del material electoral. Máxime, con la certificada inviolabilidad del software electoral y la incuestionada honestidad del Registrador Nacional y de sus funcionarios. ¡Pocos, muy pocos no ganarían con esta modificación!
Por: Jesús Miguel Rosado

