Valiente
“La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que corresponde; hombres cuya conciencia se tan leal al deber, como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia, aunque se desplomen los cielos.”
Elena G. de White
Libro La Educación
«El mundo es para los valientes«, es una máxima que resalta la cualidad humana de la valentía, no como la ausencia de miedo, como lo acoto en mi escrito (El País Vallenato, 24 de noviembre de 2025), sino como la fuerza que nos impulsa a superar el miedo para vencer los obstáculos que nos impiden lograr lo que anhelamos. La valentía es la capacidad de una persona de actuar, asumir riesgos y perseguir sueños a pesar de las adversidades, lo que implica asertividad, resiliencia, constancia y superar dudas. Sin embargo, la mayoría de la gente confunde la valentía con guapeza, ante todo por quienes disponen de poder, toda vez que respaldado por posiciones, posesiones o la fuerza se muestran animosos y resueltos a acometer acciones contravenientes y temerarias despreciando los peligros inherentes.
El mundo está ávido de personas realmente valientes que obren según el epígrafe, pues esta característica humana permite un relacionamiento satisfactorio y conlleva a que logremos una mejor convivencia. No sé si hayas visto la película Valiente, filme que narra la historia de Mérida, una joven princesa escocesa experta en arquería que desafía las tradiciones de su reino. Tras una fuerte discusión con su madre, la reina Elinor, sobre su futuro mediante un matrimonio arreglado, Mérida busca ayuda “mágica” y accidentalmente transforma a su madre en oso. Ambas deben trabajar juntas para romper el hechizo antes de que sea permanente, sanando su relación y redefiniendo su destino.

Romper paradigmas, o las tradiciones en el caso de Mérida, implica ser valiente. Genera miedo y estupor levantar la voz en una sociedad recalcitrante y aferrada a costumbres desuetas; da pavor enfrentar a una autoridad para oponerse a un mandato; genera rabia el tener que aceptar exigencias que atentan con nuestros sueños y con nuestro propósito superior. La película Valiente nos deja estas lecciones sobre la responsabilidad y el amor, pues como explica Mario Puig la valentía es el resultado del amor. Mérida se convierte en una heroína por el amor a su madre, quien después de comprenderse a sí misma lucha para “remendar el vínculo roto con su madre” y lograr su transformación a humana. Sobre todo, el mayor aprendizaje es que la valentía tiene límites, pues no podemos acometer acciones irrazonables o equivocadas para someter a los otros, como lo hizo Mérida, con las que se puede ver afectada la propia integridad o la de otros.
Es menester comprender que valentía es mucha más que guapeza. Claro, muchos interpretan esta acepción de manera favorable utilizando el adjetivo valiente para describir a cualquier persona o animal que demuestre valentía, como un bombero valiente o un perro valiente que defiende a su dueño. La valentía es una condición de ser que nos eleva y nos impulsa a desafiar costumbres u ordenes que inhiben nuestro crecimiento personal. Bien, si no eres cinéfilo, pero te gusta la lectura, quizá has leído el libro Juan Salvador Gaviota de Richard Bach, una fábula sobre la valentía de ser auténtico. Este joven gaviota rompe con la conformidad y busca superar los propios límites. Juan Gaviota desafía las normas de su bandada para perfeccionar su vuelo, enfrentando el exilio y la soledad con coraje, convirtiéndose en un símbolo de libertad personal y autodescubrimiento.
En síntesis, Juan Gaviota decide no seguir la norma de la bandada, que prioriza comer y dormir sobre el placer de volar, enfrentando la incomprensión de sus padres y el rechazo de toda la bandada. Su valentía radica en la incansable búsqueda por aprender nuevas técnicas de vuelo y alcanzar la perfección, superando el miedo a fallar y el desánimo tras intentos fallidos. Al ser expulsado, Juan Gaviota no se rinde, sino que toma la decisión valiente de vivir en soledad, lejos de la seguridad de la bandada, para seguir su propósito. Y, a pesar del rechazo, demuestra valentía al regresar para enseñar a otros, como a Pedro Gaviota, transmitiendo su conocimiento sobre libertad y superación; dejando de manifiesto que la valentía es amor. Finalmente, esta fábula nos enseña que la espiritualidad implica valentía, toda vez que Juan Gaviota representa la lucha por no encajar en lo ordinario y el coraje de vivir bajo reglas de la divinidad, buscando el verdadero significado de la existencia.
Ser valiente nos lleva a superar pruebas difíciles, tal como lo expone Elena G. de White en su libro, al referirse a la vida de José: “Nadie puede mantenerse en una gran altura sin peligro. Del mismo modo que la tempestad que deja intacta la flor del valle, desarraiga el árbol de la cima de la montaña, las fieras tentaciones que dejan intacto al de condición humilde, asaltan a los que ocupan las funciones más importantes del mundo en cuanto a éxito y honor. Pero José resistió igualmente la prueba de la prosperidad y la adversidad. En el palacio del faraón puso de manifiesto la misma fidelidad que en la celda de la cárcel.”
Si, nadie puede mantenerse en una gran altura sin peligro, pues como dice el refrán: “Solo se tira piedra a los árboles que dan fruto”. Todas las personas exitosas, productivas o talentosas son quienes reciben críticas, envidias y ataques (las «piedras»), mientras que quienes no se destacan pasan desapercibidos. Por ello es menester ser valientes; así que tengamos presente lo que escribió Chamalú (Luis Ernesto Espinoza) a su hija Waira: “Se fuerte, no permitas que te manipulen desde ningún nivel, especialmente desde lo sentimental. Acostúmbrate a expresar lo que sientes con ternura y firmeza, y fundamentalmente no generes sentimientos de culpa. Que la congruencia sea tu contexto permanentemente. En las más diversas circunstancias se tú misma: Honesta, transparente, insobornable, auténtica, valiente. Sólo los seres valientes son capaces de amar, pues el amor comienza donde terminan los límites.”
Como toda cualidad humana, se puede aprender a ser valiente. Desarrollar la valentía implica entrenar el coraje para actuar a pesar del miedo, enfrentando la incomodidad con pequeños pasos diarios y aprendiendo mediante el autoconocimiento. Se fortalece definiendo metas claras, estableciendo límites, aceptando la vulnerabilidad y reenfocando los miedos como oportunidades de crecimiento en lugar de obstáculos. Esto se logra enfrentando desafíos progresivamente, gestionando emociones y adoptando una mentalidad triunfadora.
En virtud a las múltiples pruebas que personalmente he superado en todas las dimensiones del ser, permíteme compartirte las siguientes estrategias para cultivar la valentía:
- Comienza con pequeños pasos: Muévete de tu zona de confort con acciones manejables, como hablar con un desconocido o probar una actividad nueva. Esto incrementa la confianza poco a poco.
- Enfrenta el miedo cuando surja: Reconoce tus miedos en lugar de huir de ellos y analízalos con lógica. Pregúntate, ante toda circunstancia adversa, ¿qué es lo peor que podría pasar?
- Desarrolla la resiliencia: Aprende a recuperarte de las adversidades, de los contratiempos, adaptándote a nuevas situaciones y persiguiendo tus objetivos a pesar de las dificultades. Mantén claro tu propósito superior.
- Actúa a pesar del temor: Entiende que la valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar a pesar de sentirlo.
- Establece límites asertivamente: Aprende a decir «no» y a expresar tus creencias o desacuerdos, lo que fortalece tu seguridad personal.
- Practica el autocuidado y la reflexión: Conócete a ti mismo y aprende a amar el riesgo y la incertidumbre.
- Utiliza la visualización: Imagínate superando situaciones difíciles con éxito para reducir la ansiedad. Les comparto esta vivencia: Cuando niño, una noche, creyendo ver fantasmas nocturnos que se movían en el patio de la casa para entrar por la ventana, opté por cubrir mi cara con la almohada y visualizarme en clases en el colegio o jugando futbol, es decir, me veía en el futuro con energía, alegre y sano. Concentrado en estos pensamientos me dormí sin saber en qué momento. Al despertar por la mañana miré por la ventana y descubrí que tales “fantasmas” obedecía el movimiento de la sabana colgada sobre una cuerda en el patio, colocada allí, el día anterior, para secarlas después de haberse lavado. A mi madre se le había olvidado recogerlas por la tarde.
Te invito a descubrirlo que tan valiente eres, mediante el test aplicado en el escrito web La Valentía: ¿Soy realmente valiente? En el artículo, además de complementar, desde la psicología positiva, más información sobre esta cualidad humana, se precisan verdades y mitos sobre la valentía y nos comparte también una estrategia de ocho pasos para potenciarla. Estas son las preguntas para autoevaluarte:
- ¿Te consideras una persona valiente?, ¿por qué sí, por qué no?
- ¿Hay alguna situación actual que tengas que afrontar o estés afrontando, en la que necesites coraje para afrontarla y superarla? Puede ser una situación pequeña, leve, cotidiana… o grave, intensa, estresante. Describe bien esa situación.
- ¿Crees que necesitas ser más valiente?, ¿consideras que te vendría bien? ¿Sientes presión externa o interna acerca de tu valentía?
- ¿Te beneficiaría, sería bueno para ti, animarte y superar esta situación de una manera diferente?, ¿por qué?
- ¿Estás motivado para el cambio?
Sin lugar a dudas, en la Última Cena, Jesús demostró valentía suprema al enfrentar su inminente pasión con amor y entrega, sellando su sacrificio voluntario, para redimir a la humanidad de sus pecados, reconciliándola con Dios y abriendo el camino a la vida eterna. Por ello te invito a ser valiente, a llenarte de amor para servir a otros, y de esta manera contribuir con la construcción de un mundo mejor.
Por: Carlos Rafael Melo Freyle

