Dignidad del trabajo
“Porque aun cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”
2 Tesalonicenses 3:10
El trabajo ha sido la forma de vida en la tierra desde que Adán y Eva dejaron el Jardín de Edén. Conforme a las Sagradas Escrituras, El Creador le dijo a Adán: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan.” (Génesis 3:19). Como se puede leer, Adán y Eva trabajaron en el campo para obtener el sustento y todo lo necesario para ellos y su familia. Por ello, en virtud a esta historia, para algunas personas el trabajo es una carga, pues para comer se debe realizar un esfuerzo y sentir dolor; tanto, que el cuerpo se agota y, debido al cansancio, segrega un líquido claro y salado producido por las glándulas sudoríparas de la piel, cuya función principal es enfriar el cuerpo (termorregulación) mediante la evaporación. Espero que esta apreciación no sea tu caso, toda vez que el trabajo es una parte emocionante de la vida, es una experiencia necesaria para la realización personal. Con este escrito te invito a considerar el trabajo como una de las formas de disfrutar completamente los beneficios de la vida y, en consecuencia, con esta nueva perspectiva aprendas a amar el trabajo.
Como individuos sociales es menester entender que el trabajo es digno, más no una carga, y que es una expresión humana inherente a toda persona necesaria para el bienestar colectivo. En mi escrito La solución al desempleo: ¿la política económica o la actitud personal? (Revista Frontera Libre, Riohacha, marzo de 2010), exhortaba a los lectores a cambiar su actitud frente al trabajo, para dejar de verlo como una tortura. Pero, ¿tenías conocimiento que, según la RAE, la etimología de la palabra <trabajar> provenía del latín vulgar tripaliare, que significa tortura? Si, el termino es derivado del vocablo tripalium, un instrumento de tortura romano hecho de tres maderos (estacas) para castigar a esclavos, y es el origen etimológico de la palabra española «trabajo» y la francesa «travail», que originalmente implicaban gran esfuerzo y dolor. Posteriormente adquirió el significado actual de labor. En el libro El futuro del trabajo y el trabajo del futuro, Alejandro Melamed explica esta concepción negativa del trabajo que tienen algunas personas, lo cual lo sustenta con el discurrir histórico de los primeros sistemas de producción, precisando que: “Todos los pueblos antiguos se sirvieron de la esclavitud. […] Los prisioneros de guerra de las primeras civilizaciones se transformaban en esclavos. Conquistar un territorio equivalía por entonces a conquistar personas, que devenían en prisioneros para luego convertirse en esclavos. Aquellas personas sojuzgadas servían para trabajar al servicio de un amo o de un imperio. Desde tiempos remotos, trabajar fue una expresión de castigo. Una condena.”
Es evidente que esta percepción sesgada del trabajo ha pululado hasta la actualidad, toda vez que vemos gente que elude trabajar pero que aspira una vida de comodidad. Melamed describe estos comportamientos de la siguiente manera: “Los residuos de la concepción griega y romana del trabajo perviven en la ilusión moderna de tener plata para no trabajar: dejar todo para jugar golf, en una sucesión de días iguales. El trabajo se revela solo como una actividad impuesta por la necesidad material de la manutención. En la concepción de aquellas civilizaciones, en el trabajo no hay creación; más bien es preferible emprender una huida aristocrática de la cárcel laboral.”

Con una rápida revisión del trabajo en los siglos XII (sistema feudal), XVI (sistema burgués) y XVIII (orígenes de la revolución industrial), Alejandro Melamed ilustra que estos modos de producción cuartan la libertad del ser humano y, con la revolución industrial, se promueve el hacinamiento y la explotación infantil. Culmina con el siglo XXI, manifestando que “La tecnología digital más que una nueva versión del tripalium, puede llegar a ser la maza que rompa las cadenas y traiga un horizonte de desarrollo y felicidad como nunca antes conoció el género humano.” Si embargo, el autor advierte respecto al fenómeno de la “jaula de oro”, indicando que hay personas con salarios muy competitivos, pero inconmensurablemente insatisfechas con sus trabajos. Esto es una gran realidad, mucha gente sigue esclavizada en empleos “por la necesidad” de obtener un salario. No son felices, no son productivas, no sirven con amor. Su actitud inconsecuente los lleva a denigrar de su empleador y a considerarle como explotadores y rapaces.
Pero un trabajo no es necesariamente un empleo, “TRABAJO: Expresión de amor que se manifiesta prestando un servicio de calidad para satisfacer necesidades y expectativas de la sociedad” (Melo, Revista Contacto, Valledupar, sep/oct de 2017). Y la Biblia nos enseñanza que el trabajo es un principio eterno, una ley divina, tan importante en el cielo como en la tierra. Aprendamos a exaltar el trabajo como algo digno y trascendente, en virtud del ejemplo de Nuestro Padre Celestial. Dios trabajó para crear los cielos y la tierra; hizo que los mares se agruparan en un solo lugar y que apareciera la tierra seca; hizo que el pasto, las hierbas y los árboles crecieran sobre la tierra; formó el sol, la luna y las estrellas; creó a todos los seres vivientes marinos y terrestres y, por último, colocó a Adán y a Eva en la tierra para que cuidaran de ella y para que tuvieran dominio sobre todos los seres vivientes. (Génesis 1:1–28).
Allende de que toda labor humana implica condiciones justas, salarios dignos, libertad de asociación y no discriminación, protegiendo al trabajador de la explotación, debemos comprender a través del trabajo las personas crecen, desarrollan sus habilidades y encuentran un propósito, relacionándose con el mundo y fortaleciendo su identidad. Es importante valorar el esfuerzo honesto de toda labor de un hombre o una mujer para proveer a la familia, como una forma de mantener la dignidad de sentirse útil para la sociedad y no vivir a expensas de otros. Y debemos reconocer que la laboriosidad humana es una vocación divina, pues Dios entrega el trabajo al hombre previéndolo de talentos para que colabore con Él, como lo hizo Jesús, creando y mejorando el mundo. Adquiramos la conciencia que, al trabajar, el ser humano se asemeja a Dios en su capacidad de crear y es un medio para cumplir su misión en la tierra.
Es inspirador como Kahlil Gibran, en su libro El profeta, explica la esencia del trabajo. Resalto a continuación fragmentos de lo expuesto por Almustafá, el elegido y el amado, al pueblo de Orfalecia, cuando un labrador le solicita que les hablara sobre el trabajo.
- Un ritmo con la tierra: Trabajamos para seguir el compás de la naturaleza y el alma del mundo, no existimos para ser ociosos ni extraños a la vida que fluye.
- Una flauta y una melodía: Somos instrumentos a través de los cuales las horas se convierten en música, y el trabajo, si se hace bien, es una canción.
- Amor hecho visible: El trabajo es amor que se manifiesta en acciones. Hornear pan con indiferencia es amargo, pero hacerlo con amor lo vuelve nutritivo y pleno.
- Conexión con lo divino: Al trabajar con amor, construimos armonía con nosotros mismos, con la comunidad y con Dios. Es infundir nuestro espíritu en lo que hacemos.
- Dignidad en toda labor: No hay trabajo más noble. Toda labor es útil y necesaria. Quien labra la tierra es tan grande como quien trabaja el mármol o teje la tela, pues todos son parte del sueño de la vida.
- Superar la maldición: Si vemos el trabajo como dolor, se convierte en carga. Pero si lo abrazamos con amor, el sudor borra cualquier estigma y nos conecta con el propósito.
¿Si ves? Trabajar no es solo ganarse la vida, es vivirla plenamente. Cuando se hace un trabajo con amor, se convierte en una oración, en un acto sagrado que da sentido y belleza a cada día de nuestra existencia.
Nuestra actitud hacia el trabajo es muy importante. El siguiente relato demuestra cómo un hombre vio más allá de su labor diaria. “Se cuenta que un viajero pasaba por una cantera cuando vio a tres hombres trabajando. Preguntó a cada uno de ellos por separado qué estaba haciendo: La respuesta de cada uno de ellos reveló una actitud completamente diferente hacia el mismo trabajo. —Estoy cortando piedra, respondió el primero; el segundo agregó: —Estoy ganando tres monedas de oro por día; mientras que el tercero sonrió y dijo: —Estoy ayudando, con la gracias de Dios, a construir casas para el bienestar de muchos hogares.”
Tengamos presente que se honra a Dios cuando se realiza el trabajo con excelencia y buena voluntad, como si fuera para nuestro Creador; nuestra laboriosidad excelsa es una forma de glorificarlo y una parte fundamental de la fe. Por ello, cuando ejecutemos una labor pensemos que estamos contribuyendo con la construcción de un mundo mejor, tal como se precisa en la estrategia Gung Ho con el espíritu de la ardilla. Te invito a leer este libro Gung Ho, escrito por en Blanchard y Sheldon Bowles. Gung Ho es una expresión china que significa «trabajar juntos» y se ha popularizado como una filosofía de gestión y un adjetivo para describir entusiasmo, energía y dedicación, especialmente en equipos de trabajo. Los autores describen una actitud de compromiso total hacia una meta, usando metáforas de la naturaleza (ardilla, castor, ganso) para motivar el trabajo en equipo y el alto rendimiento en las organizaciones.
Mi actitud frente a la dignidad del trabajo la aprendí desde mi adolescencia mediante el ejemplo de mis abuelos y de mis padres, tal como lo compartí en mi escrito Un trabajo no es necesariamente un empleo, la cual fortalecí con lectura de múltiples libros, en especial ¡Ayudate!, escrito por Samuel Smiles. Este libro promueve cómo desarrollar el carácter, la conducta y la perseverancia, con ejemplos prácticos y reales basado en la vida de triunfadores. A continuación, compartos las siguientes frases que he convertido como guía para mi desarrollo personal y profesional:
- “Así como una aplicación constante en el trabajo es la más saludable enseñanza para cada individuo, también es la mejor disciplina de un estado.”
- “El trabajo honrado marcha por la misma senda que el deber; y la providencia ha unido estrechamente a ambos con la felicidad.”
- “La verdad es que ningún pan comido por el hombre es tan sabroso como aquel que ha sido ganado con su propio trabajo, ya sea físico o intelectual.”
- “Por medio del trabajo ha sido sometida la tierra y redimida el hombre de la barbarie; y sin él, ni un solo paso ha dado la civilización.”
- “El trabajo no solamente es una necesidad y un deber, sino que también es una bendición: solo el haragán cree que es una maldición.”
- “El deber de trabajar está escrito en el vigor y en los músculos del cuerpo, en el mecanismo de la mano, en los nervios y lóbulos del cerebro, cuyo fruto de saludable ocupación es la satisfacción y el placer.”
- “En la escuela del trabajo se enseña la mejor sabiduría práctica; y una vida de ocupación manual no es tampoco incompatible con la más alta cultura intelectual.”
- “No es el hombre de mayor vigor natural y capacidad quien alcanza los más elevados resultados, sino aquel que emplea sus facultades con mayor diligencia y la habilidad más cuidadosamente disciplinada, la habilidad que resulta de la laboriosidad de la aplicación y de la experiencia.”
Finalmente, es importante precisar, principalmente a quienes fungen como empleadores, que el trabajo forzado, mal pagado o deshumanizado, quita la dignidad y es un pecado. La compensación por el trabajo debe ser justa y oportuna. Debemos comprender, como escribe Smiles, que “el progreso de una nación es la suma de la laboriosidad individual, de la energía, y de la rectitud; como la decadencia nacional, lo es de la indolencia individual, del egoísmo, y del vivcio.” Si tú y yo, y todos, exponemos nuestra laboriosidad con amor para agregar valor estaremos contribuyendo con la construcción de un mundo mejor.
Por: CARLOS RAFAEL MELO FREYLE


Excelente escrito felicitaciones. Allí también se refleja la decencia del trabajo, y lo más importante la vocación de servir a través de la pedagogía del amor.
Excelente reflexión.