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Hace un año que la guerra mafiosa se llevó al pastor Lora y a su familia en Aguachica, Cesar

La memoria colectiva de Colombia aún se estremece al recordar la grotesca escena que quedó marcada en el restaurante El Establo, en Aguachica, Cesar, aquel fatídico domingo 29 de diciembre de 2024. Sobre una mesa para cuatro, donde minutos antes se compartía el pan y la fe, quedaron los cuerpos inertes del pastor Marlon Lora, su esposa Yurlay Rincón y sus hijos Ángela y Santiago.

Lo que en principio parecía un ataque directo contra los líderes religiosos del templo Príncipe de Paz, resultó ser una de las equivocaciones más sanguinarias y absurdas en la historia reciente del crimen organizado en el país.

El origen de esta tragedia no estaba en el púlpito, sino en una sangrienta disputa por deudas del narcotráfico. Según las investigaciones de la Fiscalía, el objetivo real de los sicarios era Zaida Andrea Sánchez, conocida en el mundo criminal como ‘La Diabla’. Esta mujer de 27 años, vinculada sentimentalmente con el narcotraficante asesinado alias ‘El Calvo’, se encontraba en el mismo restaurante en el momento del ataque. La fatal coincidencia de vestimenta y ubicación selló el destino de los Lora: Ángela Lora vestía una blusa blanca y pantalón negro, exactamente la misma descripción que los sicarios tenían para identificar a ‘La Diabla’.

La ejecución del plan fue tan fría como errática. Los criminales, bajo las órdenes de alias ‘Jhon Mechas’, jefe del frente 33 de las disidencias de las Farc, habían recibido cerca de 150 millones de pesos para eliminar a la pareja por una deuda de 5.000 millones de pesos relacionada con estupefacientes en el Catatumbo. El sicario que entró al establecimiento accionó su arma primero contra el pastor Marlon Lora bajo la premisa de que él era el escolta de Sánchez, a quien debían neutralizar para asegurar el éxito del atentado.

En medio de la ráfaga de fuego, la familia de religiosos cayó víctima de un error de identificación que los confundió con un esquema de seguridad mafioso.

Mientras la familia Lora era sepultada en medio del dolor de su congregación, la violencia continuó su curso para los implicados. Alias ‘La Diabla’, quien sobrevivió milagrosamente al ataque en Aguachica y llegó a declarar ante la Policía, fue finalmente alcanzada por las balas el 23 de enero de 2025 en Medellín, cerrando así el ciclo de sangre que los sicarios no pudieron concretar en el Cesar.

Este segundo hecho confirmó la hipótesis de las autoridades sobre la confusión inicial en el restaurante El Establo.

La justicia logró avanzar meses después gracias a videos de vigilancia y testimonios claves. Para marzo de 2025, las autoridades capturaron a José Miguel Leal Rodríguez, presunto autor material; Jorge Luis Valderrama, el conductor de la motocicleta; Jairo Andrés Miranda, encargado de la logística; y Leonardo Barraza Castillo, quien habría coordinado la operación desde Barranquilla. A pesar de que ninguno de los detenidos aceptó los cargos de homicidio agravado, un juez de control de garantías los envió a prisión. Hoy, el caso permanece como un crudo recordatorio de cómo la población civil e inocente queda atrapada en los fuegos cruzados de una guerra criminal que no distingue entre una biblia y un ajuste de cuentas.

Por Redacción Judicial

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