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Diomedes Díaz, el retador que los golpes eternizan

Viernes, 21 Diciembre, 2012
 

Por William Rosado Rincones

Diomedes Díaz Maestre es un hombre excepcional, contrario a Leandro Díaz, él no nació para componer ni para cantarle a su mal, nada ha logrado vencerlo a pesar de que ha vivido situaciones donde el sol lo acalora, pero en  la noche la luna lo refresca y en la mañanita ve la aurora y así nuevamente el sol calienta.

Esa energía de un artista al que su fanaticada lo venera como el ‘astro rey’ de la constelación folclórica, aún tiene rayos para inspirar caravanas a pesar de la fuerza juvenil de otros grupos que le han socavado la popularidad, en un mercado en donde a veces por culpa de sus excesos, descuidó los gaviones protectores.

El desierto de su cuna le anidó oasis permanentes de hidratación popular que no le dejan decaer su imagen, a pesar que por momentos el cristal de su estrella protectora se opaca por circunstancias muchas veces afines a la gente que mal lo rodea.

Protegido por los Dioses

Pero ‘Mede’ como lo llama la vieja Elvira, su mamá, sigue  protegido como en tiempos de  la mitología, así como Rea resguardó a Zeus, por eso tal vez, en el ‘Olimpo del Vallenato’ sigue dando la guerra de los Titanes, batalla misma que  le ha dado lidia hasta a la propia muerte por todas las vicisitudes que ha pasado y en cada etapa termina de pie  como los Laureles a orilla del Cesar, como una vez cantó su paisano Máximo Móvil.

Diomedes debe cantar eternamente a todo pulmón este trozo de una de sus canciones más populares:“Pero me acompañó la suerte, y ella al fin se quedó conmigo” por la benevolencia de su destino que en cada percance le saca debajo de la manga su as salvador.

Hoy los analistas populares del vallenato suelen endilgarle al ‘Cacique’ una máxima del refranero comparable a su sino: “Diomedes tiene las siete vidas del gato”.

Son muchas las ocasiones en que este artista ha reído desde cuando le faltaba un canino en su primera incursión como cantante, hasta cuando la ‘danza de los millones’ ganados por su fama lo llevaron a incrustarse un diamante en ese mismo puesto en el que un dentista pueblerino, le ‘engatilló’ la sonrisa.

Pero esos momentos de felicidad que lo han paseado por diferentes escenarios del mundo han tenido sus lágrimas detrás de bambalinas, con episodios que estuvieron a punto de ‘desplumar’ al ‘Cacique’ juntero.

A uno de esos momentos le hizo una de sus más sentidas obras que en uno de sus apartes dice:

“En una cárcel lejana donde quedé reseñado,
allí estuve sindicado por una mala jugada,
después caí en una cama por mas de un año acostado,
pero aquí estoy parado con mi fanaticada
Me fue posible cantar después de tanto dolor,
con un poco de emoción que hace tiempo no sentía, ay,
te doy las gracias, Señor, por darme sabiduría,
no quedé solo ni un día y eso fue lo mejor,
también te pido perdón y la bendición sagrada
pa esta gente que me quiere y que yo quiero con el alma”

Pero antes de este acontecimiento, su primer tropezón, fue un absurdo accidente en el que murió su tío Martín Maestre con quien aprendió a moldear su inicialista desafine que le causaba  el desprecio de sus coterráneos quienes despectivamente le llamaba el ‘Chivato’.

En ese mismo carro iba Diomedes y salió ileso, era el primer ejemplo para comprender que en la vida hay una balanza que contrapesa las penas y las glorias.

Por eso Díaz Maestre sabiamente lo cantó:

 “De cinco años empecé a comprender la vida
al lado de mi familia crecí junto con la fama
y he sufrido en las subidas, he llorado en las bajadas
y he evitado caídas, en varias resbaladas”

Es decir, ha tenido momentos en los  que le ha tocado ‘bailar con la más fea’, pero son ocasiones  en las que  su ave fénix se levanta y sigue su aleteo cuando muchos creían ver esparcidas las cenizas,  es por eso que se acuña perfecto ese aforismo de que Diomedes ‘tiene las siete vidas del gato’.

Etapas de fe

Ese periplo de situaciones que han comprometido la integridad física del hijo de Elvira y ‘el Viejo’ Rafa, han quedado quebrantadas ante la fe incólume en su Virgen del Carmen, una imagen milagrosa a la que venera por tradición familiar, la misma que le alcahuetea hasta los incumplimientos.

Tanto así, que lo paró después de sufrir los embates del Guillén Barré, lo sacó de esa cárcel lejana donde se hallaba internado, lo protegió en montes, selvas y llanuras cuando puso pies en polvorosa por el episodio de la muerte de Doris Adriana, otra de la tandas más largas de su sufrido ‘concierto’ de adversidades; y sin embargo ni un ladrillo tiene la iglesia que prometió.

Es tanta la inmunidad de este cantor que tiene momentos humorísticos en sus animaciones para mofarse de ‘la vieja lucre’ como le llamaba ‘Cabirol’, un viejo personaje vallenato a la muerte, y sarcásticamente le vocifera: “Por ahora la muerte tiene que esperar, porque  nos es tanto que uno se muera, sino lo que dura muerto” 

Todos estos incidentes físicos y sociales por los que ha pasado ‘El hijo de Carrizal’, lo llevaron a vivir uno de sus peores dolores, aquel fatídico viaje en el que tres de sus compañeros de grupo, Juancho Rois, Rangel Torres y Eudes Granados, murieron en tierra venezolana y a cuyos sepelios no quiso asistir para mantener viva la imagen de esos batalladores que hicieron parte de su crecimiento.

En cada uno de estos impases llagaba la  segunda oportunidad para recuperar el espacio que había dejado huérfano, y además reorganizarse económicamente pues cada uno de estos problemas le causó erogaciones que por poco lo dejaron en la ruina.

Problemas cardiacos

Estando en ese intento, lo sorprendió otra enfermedad que obligó una intervención quirúrgica para corregir unas fallas cardiovasculares y de ahí también se paró cuando muchos temían lo peor.

El más reciente caso aun lo mantiene alejado de los escenarios, un fuerte accidente de tránsito donde nuevamente la virgen ‘bajó’ al ángel de la guarda para subirse ella en el vehículo en que se accidentó su protegido; nuevamente Diomedes se le ‘fugó a la candela’ como cantaba su amigo Joe Arroyo.

Era la misma carretera donde murió su tío hace tres décadas, siete costillas fracturadas y una incapacidad de varios días fue el resultado de esta nueva prueba para un hombre reacio a las recomendaciones y que desafía las prescripciones médicas y se emparranda como si estuviera en los tiempos del ‘Chanchullito’

En conclusión, Diomedes sigue siendo el icono con la mejor suerte en el vallenato, tanto así que hasta puede estar rencarnado en su hijo Martín, quien como él en su momento, está ‘cortando rabo y oreja’ y a quien premonitoriamente lo llamó ‘El Gran Martín Elías’ para ratificar el poder que tienen las palabras.

Sólo queda esperar porque como él lo ha dicho: “Por ahora la muerte tiene que esperar” o como lo cantó en su primer disco grabado con Naffer Durán:

“Si no nos mata una peste
nosvamo’a morir de viejos
nosvamo’a morir de viejos
si no nos mata una peste
si no nos mata una peste
nosvamo’a morir de viejos”.

Locutor60@gmail.com
@williamrosador

 

 

 
 
 

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