Por: Jacobo Solano
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Hoy comienza la serie Escobar, el patrón del mal, un ambicioso proyecto que promete alta calidad en su realización, respaldada por un gran elenco. Un producto basado en la realidad, que seguro será fuente de todo tipo de comentarios y dividirá la opinión de los colombianos. Sin que se vea aún el primer capítulo ya hay posiciones encontradas, algunos se oponen a homenajear a un capo que le hizo tanto daño al país, desangrando a una sociedad que sufrió por su siniestro poder y cuyas acciones, cimentadas en el negocio del narcotráfico, aún esconden secuelas en nuestra vida política, judicial y cotidiana.
Desde mi punto de vista, no considero que esta sea la intención de los productores, no es una apología al delincuente y al delito, ni pretenden exaltar la vida de semejante criminal, por el contrario, mostrarle a la gente un doloroso capítulo de la historia nacional corroborando que el crimen no paga y que si Escobar ascendió tanto, fue por la complicidad de sectores que se dejaron comprar por el dinero sucio. Las nuevas generaciones merecen conocer de cerca todo lo que fue esa época marcada por el terror. El compromiso de la televisión no es únicamente entretener, sino también lograr que el público llegue a la reflexión y pueda juzgar por sí mismo. La serie está enfocada a mostrar la capacidad monstruosa de un hombre, admirado por muchos que recibieron algún tipo de beneficio y que todavía no aceptan el daño que causó. Ojalá, antes de rasgarnos las vestiduras, intentemos ver la serie con sentido nacionalista, es importante pensar que el fenómeno Pablo Escobar, que tantas veces puso en jaque al estado, no puede repetirse, como en México que por no enfrentar debidamente el narcotráfico, viven actualmente momentos difíciles y ubican a la nación azteca con los más altos indicies de homicidios. Uno de los fundamentos para iniciar esta serie fue el libro “La parábola de Pablo” de Alonso Salazar, ex alcalde de Medellín, una investigación seria que plasma no sólo a Escobar sino a sus víctimas. Cabe resaltar que algunas de ellas, personalidades como Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Guillermo Cano y otras, están en la serie con sus nombres, admitidos por sus familias que entendieron la real orientación histórica de la producción.
Una de las producciones más costosa de la televisión nacional, para el Canal Caracol implicó un gasto diario de rodaje, en su mayoría en exteriores, de 300 millones de pesos. 450 locaciones de grabación en Bogotá, los Llanos Orientales, Medellín, la Costa Atlántica y Miami, lugares donde realmente sucedieron los hechos; como la Hacienda Nápoles, las comunas de Medellín y la famosa Catedral, escogidas para darle mayor naturalidad a la historia, además se contrató a dos reconocidos directores de cine y televisión, Laura Mora y Carlos Moreno y una nómina de lujo que supera los 1300 actores, con el protagónico de Andrés Parra quien además de tener que rebajar 17 kilos para lograr un parecido indiscutible, interpreta a Escobar magistralmente; Angie Cepeda personificará a la periodista Virginia Vallejo, quien mantuvo una relación sentimental con el famoso narcotraficante. Unos datos curiosos son los US$1.500 que costó cada una de las dos pelucas elaboradas por gringos para caracterizarlo; y los US$800 que invirtieron en la barba poblada y canosa que luce el protagonista en sus últimos días. |