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Informe Especial
Valledupar, mayo 12 de 2008. (www.elpaisvallenato.com). Desde que se acrecentó la delincuencia en la capital del Cesar y comenzaron los asaltos a residencias, los atracos a mano armada, y las muertes como consecuencia de los mismos, poco o nada se ha podio hacer, para frenar esa ola de inseguridad que arrasó con la tranquilidad del apacible Valle del Cacique Upar. Son muchas las preguntas que la gente de bien se hace, y una de ellas es, en qué momento se le salió de las manos a los gobernantes de turno, el orden y la seguridad de sus ciudadanos. La otra pregunta es, de dónde proviene la raíz del problema. Y la última y más importante es, qué hace falta para que se logre controlar el orden público en la capital del Cesar y a quién hay que acudir para que nos ayude a salir de este atolladero sin salida, de esta trinchera de desesperanza, para volver a encontrar la luz del sol en nuestro caminar. Hablando con las autoridades, y la comunidad en general, tratando de ayudar en la búsqueda de esa solución por el bien común, hemos llegados a unas conclusiones claras y precisas que tal vez nos pueden dar luz para retomar esa sensación de paz que tanto añoramos. Ni siquiera cuando Valledupar albergó tantos desplazados por la violencia paramilitar, se desató esta ola delincuencial que ahora campea en Valledupar.
Para no remontarnos tan lejos nada de eso sucedió en los años 2003_ 2004 donde fueron atendidos en esta capital un promedio de 4.000 desplazado; cifra que fue disminuyendo del 2004 al 2005, con aproximadamente unos 2000 desplazado; y ya para el periodo 2005-2006 la población desplazada que llegó a Valledupar apenas alcanzó un número de 1200 personas. Pero es a partir de ese momento que las cosas se nos comienzan a complicar con las procesos de desmovilización que se dan en esta zona del país. Tal vez por la falta de seguimiento a esos procesos, por parte de los organismos encargados de asistir a los desmovilizados del departamento del Cesar, comenzaron ellos a descarrilarse, arrasando con la tranquilidad de pueblo vallenato. Ya en diciembre del año 2006 era imposible salir a la calle sin ser objeto de las nuevas modalidades delictivas que comenzaron a imponerse en esta ciudad, tales como: “El raponazo de bolsos, celulares, joyas relojes, atracos en las casas, en buses, iglesias, tiendas y almacenes y al salir de los bancos y/o cajeros automáticos, con saldo incluso de muertes violentas por estos hechos”; como cuenta un ciudadano de la Ciudad de los Santos Reyes que fue victima de una de estas circunstancias.
Y lo peor de eso, es que todos vivíamos el momento como espectadores impotentes sin dar crédito a lo que para entonces comenzaba a gestarse, que no era otra cosa que el génesis de un problema grande, donde al fin y al cabo la delincuencia con el toro agarrado por los cuernos, a bordo de las motocicletas que comenzaron a entregarlas a crédito-y se vendían como pan caliente con el sólo respaldo de un pago diario-, cabalgaba de la mano del ‘mototaxismo’, un fenómeno paralelo de gran importancia para los amigos de lo ajeno, ya que con esto no sólo complementaban lo que hacían, sino que también les servía para disfrazar sus fechorías. Cuando la ciudadanía se pellizcó y comenzó a reclamar el orden y la tranquilidad para su pueblo, ya la situación se le había salido de las manos hasta las mismas autoridades. Tanto así que las fuerzas del orden desde entonces han demostrado su impotencia para contrarrestar dicho fenómeno en nuestra región. Sin embargo, como no todas las batallas se pierden en el intento, hoy llenos de escepticismo y desesperanza tratamos de buscar una respuesta en cada uno de los actores del conflicto; haciendo un balance global en la región, incluyendo también el sur del Cesar, donde el rearme de grupos ilegales entre los que cuenta las llamadas águilas negras, también han puesto su cuota alta para desestabilizar el orden público de la zona. De esa forma recogimos la inquietud de la comunidad, al preguntarles de que forma creen que se puede acabar neutralizar la delincuencia que trata de arroparnos a todos. Muchas personas respondieron, que es importante activar los frentes de seguridad en los barrios, en las veredas y en los municipios; contar con un grupo amigo de agentes del orden, y que cada grupo se haga cargo y responda por una parte de la comunidad. Al preguntarle a las autoridades que tan difícil sería cumplir con esa petición si se tiene en cuenta que acaban de llegar 250 agentes a reforzar al seguridad en la capital del Cesar; la respuesta fue que existe toda la disponibilidad posible, pero carecen de infraestructura para cumplirle a los habitantes de Valledupar y del Cesar. Ya que si bien es cierto que los agentes están, no existen las motocicletas necesarias para sus desplazamientos, ni muchos menos los radios que se requieren para tener un buen enlace con la comunidad y que también carecen de vehículos para transportar el personal y así incrementar las rondas nocturnas por todos los sectores de la población. Y la verdad sin esos elementos no es mucho lo que se puede hacer. Ante todas esas necesidades, de las cuales el alcalde de Valledupar, Rubén Carvajal tiene conocimiento, y además se ha comprometido a suplir en buena parte algunos de esos elementos; se espera que lo haga de manera inmediata, que lo tome como una de sus más importantes prioridades, para que cada vez que tengamos una fiesta, o un acontecimiento importante, no tengamos que importar hasta las motos de Bogotá con la que los Policías de Tránsito cumplen sus funciones, como pasó en el pasado Festival Vallenato; donde la seguridad funcionó, gracias a eso y los 600 agentes que llegaron a la capital del Cesar. |
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